Sobre Economía Social Solidaria

Leyendo unas reflexiones de Emmanuel Rodriguez sobre la Economía Social Solidaria (ESS) veo como se percibe esta forma de producción desde determinados sectores del pensamiento político y es preocupante que tras los más de 25 años que la ESS se encuentra organizada (existe desde hace más tiempo) no se consiga traspasar determinadas fronteras, máxime cuando son aquellas que deberían ser más porosas, más permeables a estas propuestas.

Se produce poco, las iniciativas están abrumadoramente concentradas en la consultoría, la educación y la intervención social”, comienza apuntando.

El concepto de producción que se maneja en determinados sectores aún enormemente marcados por el neoliberalismo y el marxismo, impide aproximarse a las nuevas formas de producción. Efectivamente hay un menor peso dentro de la ESS de aquellas iniciativas que podríamos llamar netamente productivas o del sector agroganadero o industrial, si las comparamos con el total de la ESS y a su vez con las relaciones comparativas dentro de la economía tradicional. Aún así las iniciativas agroecológicas no son pocas, y poco a poco se van sumando a formas de gestión empresarial compatibles con la ESS, no solo por su objetivo de producir ecológico, sino en lo meramente procedimental. Y el hecho de que existan cooperativas de consumo, es porque existen previamente estos productores y productoras que apuestan por fórmulas diferenciadas, que son iniciativas privadas o comunitarias, en ambos casos ajenas a la iniciativa estatal. Producir ya no puede considerarse propio de los sectores primario y secundario, sino que las nuevas formas de entender los procesos económicos, en los que la circularidad y el bien común son imprescindibles, conciben la producción como algo mucho menos ligado a la tangibilidad del producto y a la estabulación (estatal o privada) de los productores, y más relacionado con las relaciones de interconexión entre lo generado, el generador, la gestión y el medio.

En la misma línea iría la frase “No deja de ser curioso que en nuestras sociedades sea el consumo (ético, responsable, etc) el que determina la ESS y no la producción”, como si la producción no fuera consumo también (de recursos), o que ambas forman parte de un todo circular, y no lineal como lo ven algunas interpretaciones económicas.

Persiste y, de hecho crece, la dependencia de los presupuesto públicos”, cosa que es indudable, y es uno de los grandes problemas que afronta la ESS, que es la independencia de lo estatal.

Esto para las cooperativas de consumo es relativamente fácil, pero para los generadores de servicios se convierte en una tarea difícil de afrontar, ya que quienes precisan o podrían requerir de esos servicios generados pretenden acceder a ellos de forma generalizada “gratuitamente”, o sea pagados con los impuestos que ellos mismos pagaron. Eso implica que la ESS en realidad lo que hace es enfrentarse a un modelo socioeconómico erróneo, en el que el dinero público se gestiona como dinero privado (perteneciente a una persona jurídica), cuando en realidad es dinero que se redistribuye. Los servicios demandados por la sociedad deben ser pagados por ella, directamente de forma solidaria, o indirectamente a través de los impuestos; la gestión de esos servicios no tiene porqué ser llevada a cabo por personas contratadas por el estado, de hecho creo que deberíamos ir a un modelo donde la gestión comunitaria sustituyera a la estatal huyendo del colectivismo.

Sin embargo, tengo que coincidir en lo siguiente: “Son pocas las empresas cooperativas capaces de vertebrar comunidad o reforzar comunidades sociales o directamente políticas, en las que la ESS adquiere su mayor grado de potencia, digamos transformadora. De hecho las más interesantes en este aspecto siguen siendo las que organizan consumos o las empresas políticas que nacen y crecen dentro de los movimientos sociales.”

La razón de esto está en la escasa educación en la participación que tenemos en nuestra sociedad, en las familias y en el sistema educativo, de forma que el emprendimiento social, donde la gestión cooperativa es o debería ser intrínseca, muchas veces no aparece, y las cooperativas en lo formal, quedan convertidas en empresas tradicionales en lo efectivo. De la misma forma en esa nueva vía abierta recientemente en la nueva política, del concepto de cooperativa política; tras el primer ejemplo de Primavera Europea, en las Europeas de 2014, surgieron las iniciativas municipalistas como Ahora Madrid o Barcelona en Comú, pero aún les queda mucho camino para ser realmente cooperativas, y mucho más a opciones como Unidos Podemos. Coincido plenamente que una cooperativa política sería la mejor de las opciones para un nuevo modelo político, pero tendría las mismas dificultades que enfrentan las cooperativas en el mundo empresarial de hoy, sobretodo las de ESS.

Para concluir, nada, pero nada de acuerdo con la afirmación con que cierra su análisis: “En defintiiva, la ESS, como la nueva política, al menos en Madrid, es un resultado de la nueva composición política y social dominante tras el 15M: la clase media tardojuvenil precarizada o en descomposición”.

Sin restarle un ápice la importancia que ha tenido el 15M, no es el motivador de la ESS en Madrid. Sorprende que alguien tan implicado en Traficantes de Sueños haga esa afirmación que borra de un plumazo esfuerzos de dos décadas por llegar hasta donde se ha llegado, que siendo aun escaso, tiene ejemplos como Som Energia, Ecoo y otras vigentes o que quedaron en el camino, pero que fueron creando los peldaños necesarios para llegar a la situación actual de la ESS.

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Iglesia y Estado

Llevo dos meses reflexionando sobre el concepto de lo común y como lo relacionamos con lo público, lo estatal y lo privado a la hora de nuestra comunicación habitual.

He de reconocer que no es sencillo hacerlo con el caso complejo de la Iglesia en su relación con el Estado en lo que se refiere en especial al caso español, que quizás se puede extender a muchos otros del occidente católico. El cristianismo es la fuente de la que surge la mayor parte del pensamiento occidental sobre lo común, ya que la idea de comunidad, de fraternidad y por tanto de uso y reparto de lo que tenemos a nuestro alcance proviene de la interpretación del Sermón de la Montaña y de lo que debió ser una consecuencia, la multiplicación de panes y peces. El pensamiento anarquista a través de aquellos que durante siglos reflexionaron sobre esto, llegaron a la conclusión de que la propiedad era la clave maestra de la construcción del sistema de exclusión que combinaba lo material, espiritual y familiar que ha llegado a nuestros días como el liberalismo capitalista.

La Iglesia como organización social y religiosa contiene todas las incongruencias posibles en su seno. Predica la pobreza (que algunos podrían denominar como decrecimiento o austeridad) y que todas las personas somos hermanas (somos iguales y con los mismos derechos). Pero a su vez exhibe el oro y los signos de poder de que dispone; tesoros culturales, sociales y artísticos. Esos que muchos piden que sean vendidos para que esa riqueza pase a ser repartida.

Se confunde la propiedad con la custodia, y el valor con el precio. Efectivamente todo ese poder (no el político ni el espiritual) debería ser común, pertenecer a la comunidad y poder disfrutar de él, sin que fuera signo de sometimiento sino de la grandeza del espíritu y el hacer humano. No debería ser de propiedad estatal, ni privada, por eso no debe ser vendido, ya que su valor es algo que solemos referir como incalculable. Nos pertenece como especie, como comunidad, y no debería pasar a formar parte del mercado que asigna precio a lo que no lo tiene.

Pero ciertamente debería darse el paso que implica el reconocimiento de que no es objeto de propiedad, sino usufructo de la comunidad de las personas que pueblan el planeta. De la misma forma que ya se ha dado el paso para aclarar las consecuencias de lo que en el Génesis significa nuestro entorno gracias a la encíclica Lautato si, donde nuestra casa, nuestro entorno, es usufructuado sin posesión, de la misma forma aquello que la Iglesia atesora y guarda debería pasar a ser de uso común. Las consecuencias culturales serían enormes, pero hay una consecuencia más que sería de un alcance aún mucho mayor.

A parte de las actividades espirituales y de servicio a la comunidad de los desfavorecidos, hay una actividad sumamente importante que se vería afectada por este cambio en la Iglesia, y sería en la educación. Poner al servicio de la comunidad toda esa gran cantidad de edificios, no solo los actualmente dedicados a la educación, sino todos aquellos que son dedicados a cuestiones mucho menos sociales, implicaría una apuesta por un modelo de educación, más allá del estatal, comunitario, realmente público, que pudiera gestionarse de manera social, llegando mucho más lejos que los actuales sistemas educativos estatales, que en algunos casos son realmente deficitarios, y quizás sirviera de ejemplo (otra de las vocaciones perdidas de la Iglesia) a los Estados en el camino de una gestión social y eficiente de lo común, favoreciendo de paso modelos educativos coherentes con ello, cooperativos y comunitarios.

Los caminos del poder siempre son complejos porque superponen los intereses al servicio, lo privado a lo común, lo estatal a lo público. Y los desvíos hay que decidir tomarlos.

Moral, Ley Natural y Tracendencia

Anteayer, Víctor Bermúdez, profesor de Filosofía en Mérida, publicaba en El Periódico de Extremadura un artículo a raíz de los estudios científicos que hablan del origen fisiológico y por tanto también en el tiempo, origen primate, de nuestra moral y nuestra ética.

Termina dicho artículo con el siguiente párrafo:

Una conclusión de todo esto es que resulta imposible sustituir la educación ética por psicofármacos (o por neurocirugía), o por una reflexión frente a la jaula de los primates. Además, esta imposibilidad es lógica, no fáctica. Por lo que es insuperable, y tan inmortal como lo son los dioses. Pero creo que insinuar la necesidad racional de lo trascendente como condición de la moral es más de lo que podría soportar un primatólogo materialista. Lo dejamos, pues, para otra ocasión.

Creo que el concepto de Naturaleza, en la acepción que nos lleva a pensar en la existencia de una Ley Natural, debemos extirparlo de nuestro vocabulario, con el fin de progresar en el camino por un lado de asumir nuestra parte biológica con todas sus consecuencias, pero también para poder aceptar que una persona humana tiene la capacidad de trascendencia, sino la necesidad. Y todo ello ayudaría de paso a que asumiéramos a nuestras hermanas no humanas dentro los criterios de convivencia que nuestro planeta demanda.

Ni belicistas ni monárquicos

Ni es monárquico ni es belicista. Es un juego sí, un juego donde dos personas van a intentar conocer a su oponente. Ni matar, ni comer, sino tomar. Cuando el bosque oculta la realidad no hay como un estólido para regodearse en la estulticia general. El ajedrez es un juego en el que cada persona pone en juego su propio Yo, y se enfrenta a una relación personal con otro, y en ese proceso ponen en marcha todas sus herramientas relacionales para conseguir el objetivo final; apartar todos los obstáculos y conocer lo mejor posible a su oponente. Fijarlo, conseguir inmovilizar el yo de la otra persona y conocerla mejor tras desvestirla.

Las denominaciones, las formas, son ese bosque que al necio le ocultan la realidad de lo que representa ese juego. Una representación mucho más allá de las obligaciones que las piezas mantienen con la Historia. Cosa que el tablero ya consiguió liberar. Los escaques son la representación figurada del territorio en el que nos movemos; en lo bidimensional viene a figurar la esencia tridimensional con sus proporciones, haciendo un paralelismo con la realidad en la que siempre falta aparentemente una dimensión, el tiempo. Aquellos que jugamos con frecuencia nos hemos hecho al uso de un tiempo marcado, no por masoquismo, prisas o falta de paciencia. La vida tiene un transcurso, una duración determinada, y las relaciones personales se ven constreñidas a ese corsé más o menos comprimido, más o menos extendido. Es por ello que se ha confundido la agudeza mental provocada por el juego frecuente, como si fuera un progreso en la inteligencia o en la lógica del individuo, cuando en realidad se trata de una mayor habilidad en comprender lo que la persona que nos habla quiere transmitir, sus argumentaciones, su estrategia comunicativa. La habilidad espacio-temporal en la comprensión del otro es vital en el proceso de personalización, pero también lo ha sido en nuestro proceso de humanización. Nos hemos hecho más y más personas a medida que hemos desarrollado la habilidad de comprender el juego y representación de aquellas a las que tenemos delante.

Es la misma lógica interna a la música. Se trata de mecanismos de representación auditiva que provocan reacciones diferentes en cada una. Es como una cinta transportadora, la secuenciación que acompaña a nuestros procesos mentales y arrastra pensamiento, lenguaje y acción. Los juegos, sobretodo los juegos simples de dos jugadores permiten una aproximación de ambas secuenciaciones, de una superposición temporal de ambas “músicas” que como si de una danza coordinada se tratara, y que nos permitiera contemplar al otro de una manera sintonizada. Los juegos que analizó la matemática moderna, y como consecuencia la economía de mercado, a raíz de los estudios de Nash, son de 3 o más jugadores, y no implican los mismos procesos, sino la sincronía y armonización de las acciones, permitiendo la predictibilidad de las mismas. No se trata de la relación biunívoca de dos almas, mentes y espíritus, sino la armonización de las decisiones e interrelaciones de cuerpos y mentes; no nos centramos en el “entre” sino en la proyección y las consecuencias.

Las piezas de nuestro juego, de nuestra representación teatral podrían estar vestidas como lo están de monarquía y belicismo, como podrían estarlo como los personajes de Loonie Tunes, Star Trek o Star Wars. Es lo mismo Casa de Muñecas, La Escalera, Esperando a Godot, El alcalde de Zalamea o Romeo y Julieta; se trata de representar a la realidad con diferentes personajes, que en realidad son el medio por el que un autor “juega” con el público. Se trata de una representación de nuestras herramientas, de nuestras vías de aproximación al otro, y con ellas nos arropamos, nos encubrimos, nos develamos o desvelamos al otro. Paso a paso nos vamos acercando al centro de nuestro oponente y a su vez él al nuestro. Es un baile de máscaras que caen y que finalmente terminan por detener a uno de ellos. Y es en el proceso por el que nos reconocemos, tanto nosotras mismas como el otro. Y claro está, puede suceder que no lleguemos a desvelar más que algunas trazas, y que todo quede en un aplazamiento. Pero ni hay muertes, ni violencia ni derrocar reyes o reinas; simplemente personas en busca de sentido y de re-conocimiento.

¿Religión en la Escuela?

Leídos tanto el artículo de Víctor Bermudez “Defensa de la religión en la escuela”,  como el de David Cerdá en el mismo número de HCH, “Contra el popurrí ideológico y el espíritu amurallado” he de reconocer que me sitúo en una tercera posición, argumental y en cuanto a las conclusiones.
Creo que con demasiada frecuencia se confunde lo laico, con el laicismo. Lo que corresponde al ámbito público, de los valores cívicos, de la ciudadanía, de la polis, aquello que se centra en el desarrollo de la vida pública como ciudadanos, eso es ser laico. Laicista es en breve, el que usa estas cuestiones para enfrentarse enrabietadamente contra la religión, y por cierto, tiene un componente mayoritario hispánico. Pero mantener la esfera de lo laico bien definida permite una buena salud para la ciudadanía como para algo impresicindible para el ser humano, que es la espiritualidad, el sentimiento de lo trascendente.
Como cristiano, considero que la Iglesia Católica, y como ella la mayor parte de las religiones, abusan de su intromisión en terrenos que no le corresponden. Y no digo que estén desconectados, pero la Iglesia se ha convertido en máquina de poder, como otras instituciones, abordando el ámbito de la ciudadanía. La sacralidad, lo trascendente, precisa de un ámbito, de una forma de razonar (sí, de razonar) diferente al ámbito laico. Y no se trata de crear una escisión, sino de permitir que se tenga la suficiente independencia para desarrollar las creencias.
Una clase de religión católica debería enseñar claramente que no se puede ser militar, ni usurero, ni rico. Enseñar eso fuera del contexto correcto se hace imposible, ya que vivimos en una sociedad estructurada bajo la base de un capitalismo militarizado, por lo que socavaría las bases de la sociedad.
La religión debe pertenecer al ámbito de la familia y de la comunidad, que son quienes deben transmitir esta forma de entender el mundo. La escuela, por contra, debería transmitir la manera de vivir en sociedad, de participar en ella, de hacerla mejor cada día, de comprender como estructurarnos para ser sostenibles. En cambio se dedica a suministrar conocimientos contrastados o no, pero que políticamente se consideran imprescindibles para el fin que la escuela sirve.
Sí. Hay que cambiar la escuela y las instituciones religiosas. Quizás en ese mundo posible pero aún no existente podríamos compartir espacios de convivencia donde las creencias y las verdades, sean del tipo que sean, pudieran transmitirse para crear conciencias críticas tanto frente a la trascendencia como ante el poder político.
Indudablemente me encuentro más cerca de Víctor Bermudez Torres que de David Cerdá. Aunque argumentos de los que presentan ambos los considere míos. Cambia el punto de vista y fundamentalmente mi esperanza.

Próxima Centauri b como “Planeta B”

El negacionismo del Cambio Climático viene insistiendo en las infinitas capacidades de la Ciencia para desarrollar en un tiempo razonable medios para reducir los efectos de la contaminación y resolver los males de la humanidad, como la falta de agua y alimentos, mediante desarrollos tecnocientíficos.

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This artist’s impression shows a view of the surface of the planet Proxima b orbiting the red dwarf star Proxima Centauri, the closest star to the Solar System. The double star Alpha Centauri AB also appears in the image to the upper-right of Proxima itself. Proxima b is a little more massive than the Earth and orbits in the habitable zone around Proxima Centauri, where the temperature is suitable for liquid water to exist on its surface.

Nuestra visión del mundo no ha conseguido ensancharse con el paso de los siglos más que a penas unos kilómetros de forma generalizada y sólo para unas pocas personas en relación a los 7 mil millones de habitantes de este planeta. Saber que el planeta es redondo, y que existen otros continentes a parte del propio es algo extendido, pero haberlo asumido en la comprensión que tenemos del mundo es una cosa muy distinta. En este planeta hay muchas visiones del mundo compartiendo espacio y se trata en muchos casos de entendimientos que chocan con la realidad de manera estrepitosa. Entender que los recursos son finitos, que no van a durar mucho tiempo más al ritmo que los consumimos, precisa tener claro que el mundo en el que vivimos tiene unos límites, y no es una extensión plana e indefinida. Además debe poder asimilarse lo que significa en distancias y proporciones la relación entre el manto terrestre y el globo terráqueo, y de ese modo asimilar la finitud real de nuestro planeta.

Si todo eso no está bien asimilado por nuestras mentes, es sencillo que nos puedan decir cifras con muchos ceros referentes a las reservas de tal o cual mineral o fuente de energía, o que nos puedan generar esperanzas en técnicas muy sofisticadas de laboratorio, que potencialmente aplicadas al planeta tendrían unos efectos maravillosos y salvíficos.

Lo mismo sucede con la existencia de un Planeta B. El propio Hawking ha dicho que vayamos pensando en la Luna como destino porque estamos destruyendo este planeta, como si la solución a nuestros hábitos destructivos fuera irnos a destruir a otra parte, terrificando cada lugar que encontremos con posibilidades. Y bueno, terrificar la Luna o Marte que no tienen vida en ellos, puede ser peligroso geológicamente, aunque sea difícil de calcular, pero es un riesgo que asumiríamos nosotros como especia. Pero hay varias cuestiones que se le escapan a la mayor parte. Estamos muy lejos también de ser capaces de llevar a cabo con éxito la terrificación de lugares como la Luna o Marte, y desde luego sería para una minoría de nosotros, como siempre esa minoría que fuera capaz de pagar la posibilidad de estar en esos lugares, que a pesar de sus dificultades ya serían mejor opción que el seguir sobre la Tierra. Y por otro lado, la eventualidad de que sea un ambiente mucho más amigable para las personas, como pudiera presumirse en el caso de Próxima Centauri b, surgiendo el dilema de que terrificar implicara un desastre ecológico a un planeta con vida propia.

Nuestra cosmología es aún especulativa y pobre, tanto en lo tecnocientífico como en lo filosófico. Estamos más cerca del campesino de la Edad Media que del colono de la Luna, y no digamos del de Próxima Centauri b en todo lo relativo a comprensión del mundo que nos rodea y medios tecnocientíficos.

Francisco o el estupor de Dios

Este texto aparece publicado en el número de Marzo 2014 de la Revista Afrokairós, y puede leerse AQUÍ en la página 13.

Hablar del primer año de un papado, resulta ser algo llamativo cuando hemos estado acostumbrados a largos papados, donde el primer año no suele significar cambios sobre los años del anterior papado. Pero esta vez, a pesar de que la primera encíclica era, podríamos decir, compartida entre ambos papas, y de darse la curiosidad de que el anterior sigue vivo, las novedades son muchas y de tal calado que se hace muy relevante revisarlo y ver las previsiones.

Francisco ha conseguido en primer lugar que se le conozca por su nombre, sin numeración. Y esto lo ha acercado más en el imaginario a San Francisco, aquel en que puso su meta al convertirse en Papa; la humildad y el amor por los otros se han convertido en una seña de identidad que se distingue claramente desde dentro y fuera de la Iglesia Católica. Desde mi posición de cristiano que se encuentra fuera del catolicismo, tras un proceso de conversión con entrada y salida, veía con preocupación cómo eran tratados mediáticamente los papados anteriores, al igual que los mensajes que salían a los medios provenientes del Vaticano. A pesar de la presencia de las diferentes confesiones cristianas en los medios, los mensajes del Papa siempre tienen un impacto que es acogido por fieles, creyntes o ateos, resultando una marea de efectos sobre la sociedad a nivel mundial. Y eso ha cambiado profundamente en el último año.

Los discursos sobre la moralidad han primado siempre por encima de los discursos sobre la realidad socioeconómica; así, a pesar de enviar mensajes claros en anteriores papados denunciando el neoliberalismo y su relación con la pobreza y el hambre, eran los que tenían que ver con la moral reproductiva o la sexual los que tenían eco y eran reproducidos por obispos y sacerdotes en sus homilías y declaraciones públicas. Pero en este año de papado, Francisco ha dicho claramente que eso debía acabar. Había que poner un acento mayúsculo en la denuncia socioeconómica, y eso solo era posible con un esfuerzo comunicativo sin precedentes.

Decía Hans Urs von Balthasar hablando de Charles Péguy: “Una religión que se resigna a admitir la perdición eterna de los hermanos y a no llorarlos eternamente es radicalmente egoísta en el problema de la salvación y, por tanto, burguesa y capitalista en su misma entraña”. Este periodo de un año de papado ha puesto de manifiesto que el problema principal para Francisco es la pobreza, y en ello ha querido centrar sus homilías como también la Evangelii Gaudium. Una pobreza que tiene unas razones claras en la globalización y en el reino del dinero: “La actual globalización «esférica» económica, y sobre todo financiera, produce un pensamiento único, un pensamiento débil. Y en su centro ya no está la persona humana, sólo el dinero.” acaba de decir en una entrevista para el Corriere della Sera.

Francisco lleva un año insistiendo en que no se trata de cambiar la doctrina sino que la pastoral tenga en cuenta a las personas. Yo estoy convencido que la doctrina debe cambiar si el catolicismo quiere mantenerse dentro del Evangelio, pero también es cierto que eso no es posible sino se rectifica la pastoral que hoy impera, no solo en el catolicismo, sino en todas las versiones del cristianismo. La persona no es el centro de nuestra sociedad ni de nuestras creencias, seamos de la religión que seamos o no la tengamos; el centro está en el tener y principalmente en tener dinero. La persona se convirtió en individuo, fue cosificado y por tanto convertido en producto y bien de consumo como cualquier otro. Eso es lo que debe cambiar.

Y en ello Francisco está jugando un papel muy importante con su cambio de actitud ante el mundo y su entorno eclesial. Ha humanizado el puesto de Obispo de Roma; ha traído un signo diferente a sus relaciones personales con el entorno que le rodea, y eso es un paso primordial para el camino que parece haberse propuesto; mostrar al mundo que ubi caritas Deus est. Y ha comenzado a dar los primeros pasos en la transformación de la curia y las estructuras de poder en el Vaticano. Decía Juan Pablo I (entonces aún Albino Luciani): “Sin embargo, querido Péguy, sería una equivocación esperar, pero dejándolo siempre para más adelante. Quien se mete en el camino del después desemboca en el del nunca. Conozco a alguno que parece haber convertido la vida en una perpetua «sala de espera»”, en su Carta a Péguy. Y la Iglesia que se ha encontrado Francisco era más del nunca que la de la pequeña niñita que es la esperanza.

Y esa esperanza es la que se ha visto revitalizada con este primer año de papado en el que Jorge Bergoglio nos ha recordado a muchos que la esperanza provoca el estupor de Dios surgiendo entre nosotros una y otra vez, tozudamente, confiando en que el amor triunfe por encima de la indiferencia de los que sufren.

Liberalismo y Personalismo Comunitario; imposible coincidencia

Este post es un comentario y una crítica a la sección de Persona y Sociedad del nº23 de la revista Persona, que puede verse y descargarse AQUÍ

Es cada vez más frecuente que nos encontremos con la relación liberalismo-personalismo entre los autores que desde uno u otro posicionamientos intentan dar respuesta a la situación en la que se encuentra nuestra sociedad, nuestro mundo, en lo que a economía y valores se refiere. Incluso es muy frecuente que dicha relación se vea traspasada por el hecho de que se hable de posicionamientos cristianos en ambos casos. En este último número de la revista Persona, de febrero de 2004 (nº 23) nos encontramos que la sección Persona y Sociedad la componen tres artículos que se encuentran en la situación antes mencionada, abordando diferentes aspectos de los procesos económicos desde planteamientos personalistas, como pueden ser la responsabilidad social empresarial (RSE), las relaciones humanas dentro de y desde la empresa, y un análisis del liberalismo desde el personalismo.

Si bien la relación que menciono se da habitualmente con el personalismo, siendo menos usual, comienza a aparecer con el personalismo comunitario. Y este situación me resulta, a parte de llamativa, preocupante. Y voy a intentar justificar porqué considero que esta relación no es coherente para ambas partes, a pesar de que la atención a determinados aspectos del ser humano puedan hacer pensar que es posible.

Para ello voy a comenzar revisando los tres términos con que se inicia el artículo de Maria Amalia Pérez sobre el liberalismo económico desde el personalismo; liberalismo, liberalismo económico y neoliberalismo. La libertad de cada individuo, defendida en la limitación o eliminación de la intervención estatal en los procesos económicos, en particular sobre los mercados; esa vendría a ser la tesis del marco liberal. Una libertad concebida como lo hace Isaiah Berlin, como libertad positiva, como “libertad para”. El personalismo comunitario y el liberalismo coinciden en considerar a la libertad como acción, una libertad que se concibe en la acción de la persona y que para el liberalismo se plasma en el proyecto de construcción del individuo sin constricciones, mientras que en el personalismo se plasma en la liberación, en la acción de la persona para construirse como individuo y como comunidad.

Y aquí la clave del liberalismo y el individualismo; los ámbitos. Para el individualismo, y con él la teoría liberal, toda acción humana debe ser libre, sin limitaciones ni coerciones. El factor regulador siempre es auto regulador, es el propio individuo o el marco fundamental de sus acciones que es el mercado. No existe ámbito individual que se vea regulado de forma externa, ya que consideran al mercado como interno. Por ello la educación debe ser libre, para que el desarrollo personal lo sea; la economía libre, para que el mercado pueda ejercer sus autoregulaciones de manera automática; ….

El personalismo comunitario como decía considera la libertad como proceso, como liberación. No es un estado, no tiene un carácter ontológico, no se es libre. Es un proceso de constante re-equilibrio de las acciones, porque no se concibe a la persona como individuo, sino como parte de una comunidad. Por ello no existe ámbito donde no se deba dar dicho proceso. La educación debe ser libre para que la persona alcance sus expectativas y lo haga dentro de su comunidad que también tiene sus propias expectativas, generadas como confluencia de las personales de sus miembros; la economía debe ser libre, para que los recursos y los beneficios recaigan por igual en los miembros de la comunidad según sus necesidades y no según sus esfuerzos.

Los fracasos del liberalismo hasta la fecha son evidentes, como nos hace ver María Amalia Pérez, pero sus logros no son tales, ya que los logros no pueden ser valorados sin tomar en cuenta sus consecuencias o sus efectos colaterales. El más evidente es el desarrollo que se ha hecho con unas consecuencias catastróficas sobre el medio ambiente y sobre los hombros de quienes han puesto su sudor, su sufrimiento o su vida para que otros tengan el nivel de desarrollo que hoy se considera un logro para un 20% de la humanidad. Obviamente desde el liberalismo se defiende que quienes no han logrado el desarrollo de los demás es por ineficacia, por exceso de control o por unos niveles de corrupción tales que les ha impedido alcanzarlo, pero dichas razones parten del presupuesto de que todas las personas del mundo tienen o han tenido un punto de partida idéntico, desde el que contando con sus circunstancias se han desarrollado o no, y eso es falso. La falta de perspectiva del liberalismo le hace sucumbir a un realismo inocente frente al mundo. Analiza el desarrollo actual sin tener en cuenta que África era autosustentable económicamente, hasta que su población fue utilizada como mano de obra gratuita para el desarrollo de los países de Europa y Norteamérica; que en un segundo paso se colonizó para controlar su desarrollo político; y que en un tercer momento se controló su economía férreamente para poder extraer las materias primas que se necesitaban en los países desarrollados para continuar desarrollándose.

La aplicación de determinadas acciones paliativas como la RSE, la Ayuda al Desarrollo, el Comercio Justo, la Economía Social Solidaria, tienen dos aspectos. Por un lado son acciones ad-hoc que han tenido que llevarse a cabo para compensar la brutalidad despiadada que ha mostrado el sistema liberal (neoliberal o capitalista) desde sus inicios, y hacer más humano un mundo donde la inhumanidad del hambre, la miseria y el comercio con la vida humana campan a sus anchas.

La Ayuda al Desarrollo recuperó para el mundo desarrollado a Alemania en los 50, a España, Portugal y Grecia en los 80, pero ha sido incapaz de hacer lo mismo con los países previamente empobrecidos del sur. Quizás habría que preguntarse si en vez de la corrupción de sus gobernantes no sería una razón más evidente el control que el capitalismo impone sobre otros para liberalizar lo de los suyos, para la situación de falta de desarrollo.

La RSE y la ESS son formas de trabajar desde la empresa que vienen a evidenciar que pueden llevarse a cabo emprendimientos donde lo que prima no es el beneficio, sino las personas, pero no creo que sea para mostrar que se puede dar un barniz al capitalismo con ellas, sino que vienen a mostrar que un sistema económico donde primen las personas es posible.

En los últimos tiempos se ha venido hablando mucho del Bien Común, o Economía del Bien Común, que nuestra autora dice que es “entendido como las condiciones necesarias en una sociedad para que cada persona se pueda perfeccionar.” El problema aquí es que esto siempre depende de quien quiera aplicar dicho Bien Común. Y es en las condiciones de aplicación, en los procesos donde debe ponerse el acento; son las propias personas las que deben decidir cual es el bien común, y deben hacerlo de forma que se puedan escuchar las voces de cada una y que las decisiones sean en común. Horizontalidad antes que verticalidad, deliberación antes que representación.

Para finalizar hay cuatro méritos del liberalismo económico que deben tomarse en cuenta:

1. “…con su propuesta de división del trabajo de modo eficiente, el desarrollo de la productividad en general, que ha permitido a los actores económicos lograr satisfacer buena parte de sus necesidades.” Preguntaría si la división vertical, dependiente de que el emprendimiento cuente con los apoyos financieros previos, es realmente eficiente, o si la productividad a costa de salarios de miseria en unos lugares frente a salarios incontrolables o controlados por sindicatos en otros es una productividad que tenga en cuenta a las personas. Ya que no todos los actores económicos valen lo mismo ni pueden satisfacer sus necesidades, en la mayor parte de los casos, primarias. Y un apunte sobre ciencia y técnica; la primera, y sobretodo la segunda, las ha puesto el liberalismo a trabajar para el beneficio controlado de unos pocos y el control desmesurado de la mayoría.

2. “El mercado ha permitido una mayor movilidad de los bienes producidos para ser utilizados por los consumidores, que no se podría pensar en términos de trueque o simple intercambio bilateral.” La movilidad de los productos se ha basado en el poder adquisitivo de los potenciales consumidores y de los intereses de las compañías de transporte, que son los verdaderos controladores del mercado, que nunca es un elemento libre, sino que depende de factores que son fácilmente controlables para quienes controlan la producción, transporte y puntos de venta. El trueque o intercambio no muestra ninguna diferencia con la esencia del mercado, salvo por la existencia de un elemento que puede convertirse también en objeto de acumulación y consumo; el dinero. Y es el dinero, una vez que se convierte es bien de consumo y atesoramiento, los bancos, entendidos como centros de acumulación y comercio del propio dinero, el que liquida finalmente la idea romántica de un libre mercado autoregulado.

3. “… una sana y libre competencia incide positivamente en el sano afán de superación que sirve al desarrollo de las personas.” La competencia es sana en igualdad de condiciones, no en igualdad de oportunidades, no en identidad de condiciones. El mercado no es una carrera de 100 metros libres o de 5000 metros obstáculos; es una competición donde niños, adultos y ancianos; personas con discapacidades físicas o mentales; enfermos y sanos, altos y bajos, gordos y flacos, corren sin una meta definidad y sobre terrenos y condiciones climatológicas diferentes; es una lucha encarnizada que está regulada de principio a fin para nunca obtener la satisfacción definitiva.

4. “… la libertad es más creativa que la burocracia estatal, y que la libre competencia es importante para promover el desarrollo y la iniciativa individual.” La libertad de acción con un marco de valores es más creativa que cualquier cosa, y sobretodas las cosas, es más creativa que la libertad de actuar para el beneficio individual.

Personalismo Comunitario y Liberalismo (en cualquiera de sus versiones) no son compatibles, porque desde su base, el criterio comunitario tiene el mismo peso que el personal. La persona nunca es individuo, lo cual no significa que no tenga cada una su especificidad, sus deseos, expectativas,… sino que están ordenadas al bien de la comunidad tanto como al bien de sí mismos.

Abandonando la opción por los pobres; abrasando con el poder.

Eugenio Nasarre, diputado del PP y vicepresidente de la comisión de educación del Congreso de los Diputados, ha publicado hoy en PáginasDigital un artículo en portada que nos relaciona una vez más el nazismo con las acciones de protesta de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH).

El Sr. Nasarre comienza recordando el linchamiento público al que fue sometido Philipp Jenninger en 1988, siendo presidente del Bundestag, con motivo del 50 aniversario de la “noche de los cristales rotos”, que motivó su dimisión del cargo. El motivo; recordarle al pueblo alemán su responsabilidad en el ascenso y triunfo del nazismo, denunciar su pasividad y laxitud frente a las acciones violentas de este movimiento y su estatalización. Y todo por emitir este juicio moral por el que las responsabilidades no recaerían sobre unos elementos radicales, sino sobre el total de la sociedad alemana de los años 30.

Hasta aquí comparto su visión y análisis. Pero usando este trampolín, se lanza en picado a una piscina que él mismo llenó de tiburones. Para justificar la evidente relación que existe para él entre nazismo y PAH, nos recuerda que a las hordas de Goebbels se las llamaba “ira popular espontánea”; la sagrada línea no traspasable de la libertad individual y el dominio de lo particular, la privacidad.

Cuando un político supuestamente democristiano, se vale de las armas más liberales que existen, para defender la propiedad privada en el sentido más amplio del término, pero la de los “suyos”, la de los miembros del “partido que sustenta el gobierno”, olvida que como cristiano en política su primer deber es la opción por los pobres, por los oprimidos, por el extranjero, por el que no tiene empleo, le falta de comer, y no tiene un techo sobre sí y los suyos. Cuando se toma esa opción, se reacciona contra quien actúa con usura, quien acapara por encima de sus necesidades, quien busca el lucro personal o de los “suyos”. Federico Mayor Zaragoza, a quien acusa de tomar esta opción, acusándolo de ser coherente con lo que dice y piensa, ha visto como también el Presidente del CGPJ, Sr. Moliner, que quienes pierden su casa ante la usura y la desproporción y el engaño, buscan mostrar a quienes les representan, o eso dicen, que es una situación injusta, y que deben buscar vías urgentes de solución al derecho constitucional y básico de las personas a una vivienda digna.

Sr. Nasarre la “violencia” que Ud. siente y que pueden sentir sus compañeros de partido y clase política, porque no solo políticos del PP son “escracheados”, es sólo un atisbo de la que sienten esas familias, que ven como se les expulsa por la fuerza de sus casas, porque el que tiene cien mil más de las mismas desea esa también, y se aprovecha de las débiles circunstancias económicas de quien allí habita.

Precisamente, las instituciones democráticas están para dar respuesta urgente a esas situaciones, y no para anidar en los pasillos y despachos del Congreso de los Diputados o el Senado, viviendo a expensas de los impuestos de los mismos a quienes usted acusa de violentos.

cristalesrotos

La opción de los pobres usted la abandonó hace mucho tiempo, como la caridad. Como cristiano debo recordarselo una y mil veces, como ha hecho el Sr. Mayor Zaragoza pidiendo la concesión del Principe de Asturias a la PAH.

Los nazis abrasaron en la Kristallnacht la poca dignidad que le quedaba a la sociedad de Alemania y Austria en 1938; ustedes, como brazo ejecutor del poder bancario y multinacional, están abrasando la nuestra. Son ustedes los que actúan como los nazis, no quienes se acercan a sus casas a enseñarles su dolor. Y a Ud. Sr. Nasarre recordarle  una frase de Moseñor Oscar Romero: «Los antiguos cristianos decían: “Gloria Dei, vivens homo”, (la gloria de Dios es el hombre que viva). Nosotros podríamos concretar esto diciendo: “Gloria Dei, vivens pauper”. (La gloria de Dios es el pobre que viva). Creemos que desde la trascendencia del evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres; y creemos también que poniéndose del lado del pobre e intentando darle vida sabremos en qué consiste, la eterna verdad del evangelio.» (La dimensión política de la fe desde la opción por los pobres. 2-2-1980)

Pensamientos sobre el Holocausto

La asignación del término “holocausto” remite directamente a un hecho concreto definido dentro de la cultura judía y que tiene que cumplir unas condiciones específicas. Se trata de un sacrificio que termina en la quema del animal objeto de sacrificio, aunque los propios judíos hablan de Shoa, catástrofe, para referirse a este acontecimiento. Lo que no cabe duda es que nos remite directamente a un hecho relacionado con los judíos (ya que incluso con mayúscula, como nombre propio, se refiere a ello según la mayor parte de los diccionarios e idiomas), lo que aplicado a lo ocurrido en Europa durante los terribles años del nazismo reduce el amplísimo espectro que tuvo el plan nazi de limpieza. Incluso podemos decir sin temor a equivocarnos que no se trataba sólo de una cuestión étnica, sino ideológica y también de elecciones de vida.
Lo que es innegable es que la focalización sobre los judíos fue un hecho, pero eso podía tener su causa en algo que estuviera más allá de las monomanías de Hitler o Goebles con respecto al poder (y por tanto peligro para quien quiere el poder omnímodo e incuestionable) de los judíos como grupo, como “lobby” diríamos hoy. Tampoco esto puede negarse; el sionismo ha actuado como ideología, basada en la pertenencia étnica pero también social a un grupo de poder muy bien establecido y con gran expansión en el mundo occidental, incluida Rusia, y que pretende hacer de la causa judía una ideología dominante, mucho antes del Holocausto. Pero quien desea ostentar el poder de forma que no sea puesto en duda, debe ejercer un terror sin sentido como muy bien comprendieron los miembros de las organizaciones encargadas de asegurarse de ello bajo el gobierno nazi, y que tan bien entendieron por enseñanza directa los militares españoles que allí fueron destinados, y de forma indirecta los organismos de control de la entonces URSS.
Controlar como se debe pensar, como debemos relacionarnos, con quien es bueno hacerlo y con quien no, es un ataque directo a la libertad de acción personal que se encuentra en las antípodas no sólo de la modernidad sino de la concepción del respeto a la persona. Para ello se debía reducir al mínimo las posibilidades de elección política (y por tanto se debían eliminar aquellas que fueran un obstáculo); se debían limitar las opciones religiosas, étnicas, morales y sexuales que permitieran diversidad, que aceptaran lo diferente; se debían reducir al mínimo los grupos de poder económico que pudieran ejercer un control alternativo al que pretendía imponerse. A esos tres tipos de control pertenecían los judíos de una u otra forma, de manera que eran un objetivo clave, pero no el único. Marxistas, anarquistas, gitanos, negros, eslavos, homosexuales, discapacitados, judíos…. y todos aquellos que de una manera u otra admitieran ayudarlos o mezclarse con ellos fueron el objetivo del frío y calculado exterminio durante casi una década. Nadie antes había llegado tan lejos, pero la conjunción de individualismo, pragmatismo y efectividad mecanicista derivadas del pensamiento ilustrado y del mercantilismo permitieron que se llegara a ello.
Así las cosas, creo que ha llegado el momento de poner en claro la diversidad mucho mayor de lo aceptado del objetivo de esta gran obra de ingeniería social moderna que fue el exterminio durante los años 30 y 40, que no sólo recorrió Europa sino el mundo entero. Un exterminio de magnitudes mucho más grandes y espantosas de lo que estamos acostumbrados a escuchar y aceptar, y que la propia propaganda de quienes lo permitieron ha alentado durante decenios. Todas las guerras que se produjeron desde finales de la década de los 20 y 30 en Europa, en los Balcanes y España principalmente; el comienzo del exterminio en la URSS durante los 30; el exterminio chino por parte de los japoneses durante década y media, ampliada al resto del sureste asiático con la guerra; el exterminio judío, gitano, ideológico y homosexual en Alemania, la URSS y toda la Europa ocupada y controlada durante la guerra; las bombas atómicas sobre Japón (que no sobre Alemania). Durante decenios se ha seguido utilizando un exterminio de “baja intensidad” en los países de órbita soviética y en los de influencia norteamericana o europea (Latinoamérica, Asia y África). ¿Podríamos visualizar los muertos y/o torturados sobrevivientes de todo esto que acabo de nombrar? Ese es el exterminio, un exterminio contra la persona, contra el ser humano que busca ser libre para construirse como persona, independientemente de su etnia, credo o ideología política, no sólo contra los judíos.
Es difícil hablar de la muerte de millones sin sentido sin caer en riesgos que puedan ser luego tomados en cuenta, pero creo que empieza a llegar el momento de dar un giro radical al tratamiento del tema, ya que sigue siendo colateral el hecho de que se organizara el exterminio de millones de personas, a que se hiciera contra un grupo determinado por su pertenencia a una procedencia cultural determinada.
La razón que marca este texto proviene de la reciente conmemoración del Holocausto en Auschwitz que además coincide con la llegada a nuestro país de la película francesa “La redada”, y parte de la utilización continuada del término “holocausto”. Y de que estoy de regreso de París, donde me he detenido unos segundos frente a un ramo de flores frescas colgado del muro del Lycée Jean-Lurçat del distrito 13, en la calle Jeanne d’Arc, donde se conmemora a los 120 niños y niñas que estudiaban allí y vivían en ese distrito, aquella noche del 16 de julio de 1942 en la que se procedió a la mayor redada conocida de nuestra historia reciente. Todos eran judíos. Todos eran franceses. Todas eran personas. Aunque de grandes redadas nuestro país se adelantó a los nazis, ya que Fernando VI y el Marqués de la Ensenada llevaron a cabo “la gran redada” el 30 de julio de 1749, donde de forma coordinada se detuvo a cerca de 12000 gitanos con el objetivo declarado por el “buen marqués” de ser exterminada aquella generación.
¿Me coloca esto en el lado de los negacionistas? Pues podría ser que sí, al menos para muchos. Pero negacionistas son los que insisten en negar un exterminio concebido, planificado y estudiado que desde finales de los años 20 del siglo pasado se ha venido ejerciendo contra la humanidad. Exterminio fue la esclavitud africana durante dos siglos; planificada, estudiada y concebida por Europa para su beneficio económico del que aún hoy nos beneficiamos. El sionismo es hoy parte del mismo poder que en los 30 planificó incluirles en el exterminio, y no tiene que ver con el credo o etnia de quienes lo profesan, que pueden ser judíos, como también lo eran quienes adoraban al becerro de oro al descender Moisés del Sinaí. No debemos olvidar el dolor causado, pero no sólo a los judíos, sino a toda la humanidad por parte de unos pocos que aún siguen controlando el mundo. Nos creímos la idea que antes era conspiranoica del holocausto después de ver los hornos crematorios, pero una buena propaganda hizo olvidar el resto, o sólo resaltar lo que podía interesar de ello, convirtiéndolo en la Shoa. Los árboles no nos han dejado ver el bosque; unos árboles bien preparados para su fin.
Sólo el hambre puede sobrepasar lo que significó este exterminio entre 1925 y 1995. ¿Alguien me puede asegurar que no se trata de un nuevo plan de exterminio? ¿Alguien quiere arriesgarse a sumar las víctimas (muertos y supervivientes) de esos 70 años, sin temor al vértigo del horror? Mientras no hablemos de todas las personas que sucumbieron pensaré que estamos frente a una perfecta operación de maquillaje que borró los rostros y las vidas de todos los que no eran judíos y judías.