¿En quién pensamos cuando hablamos de vientres de alquiler?

Artículo en El Salto

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Liberalismo y Personalismo Comunitario; imposible coincidencia

Este post es un comentario y una crítica a la sección de Persona y Sociedad del nº23 de la revista Persona, que puede verse y descargarse AQUÍ

Es cada vez más frecuente que nos encontremos con la relación liberalismo-personalismo entre los autores que desde uno u otro posicionamientos intentan dar respuesta a la situación en la que se encuentra nuestra sociedad, nuestro mundo, en lo que a economía y valores se refiere. Incluso es muy frecuente que dicha relación se vea traspasada por el hecho de que se hable de posicionamientos cristianos en ambos casos. En este último número de la revista Persona, de febrero de 2004 (nº 23) nos encontramos que la sección Persona y Sociedad la componen tres artículos que se encuentran en la situación antes mencionada, abordando diferentes aspectos de los procesos económicos desde planteamientos personalistas, como pueden ser la responsabilidad social empresarial (RSE), las relaciones humanas dentro de y desde la empresa, y un análisis del liberalismo desde el personalismo.

Si bien la relación que menciono se da habitualmente con el personalismo, siendo menos usual, comienza a aparecer con el personalismo comunitario. Y este situación me resulta, a parte de llamativa, preocupante. Y voy a intentar justificar porqué considero que esta relación no es coherente para ambas partes, a pesar de que la atención a determinados aspectos del ser humano puedan hacer pensar que es posible.

Para ello voy a comenzar revisando los tres términos con que se inicia el artículo de Maria Amalia Pérez sobre el liberalismo económico desde el personalismo; liberalismo, liberalismo económico y neoliberalismo. La libertad de cada individuo, defendida en la limitación o eliminación de la intervención estatal en los procesos económicos, en particular sobre los mercados; esa vendría a ser la tesis del marco liberal. Una libertad concebida como lo hace Isaiah Berlin, como libertad positiva, como “libertad para”. El personalismo comunitario y el liberalismo coinciden en considerar a la libertad como acción, una libertad que se concibe en la acción de la persona y que para el liberalismo se plasma en el proyecto de construcción del individuo sin constricciones, mientras que en el personalismo se plasma en la liberación, en la acción de la persona para construirse como individuo y como comunidad.

Y aquí la clave del liberalismo y el individualismo; los ámbitos. Para el individualismo, y con él la teoría liberal, toda acción humana debe ser libre, sin limitaciones ni coerciones. El factor regulador siempre es auto regulador, es el propio individuo o el marco fundamental de sus acciones que es el mercado. No existe ámbito individual que se vea regulado de forma externa, ya que consideran al mercado como interno. Por ello la educación debe ser libre, para que el desarrollo personal lo sea; la economía libre, para que el mercado pueda ejercer sus autoregulaciones de manera automática; ….

El personalismo comunitario como decía considera la libertad como proceso, como liberación. No es un estado, no tiene un carácter ontológico, no se es libre. Es un proceso de constante re-equilibrio de las acciones, porque no se concibe a la persona como individuo, sino como parte de una comunidad. Por ello no existe ámbito donde no se deba dar dicho proceso. La educación debe ser libre para que la persona alcance sus expectativas y lo haga dentro de su comunidad que también tiene sus propias expectativas, generadas como confluencia de las personales de sus miembros; la economía debe ser libre, para que los recursos y los beneficios recaigan por igual en los miembros de la comunidad según sus necesidades y no según sus esfuerzos.

Los fracasos del liberalismo hasta la fecha son evidentes, como nos hace ver María Amalia Pérez, pero sus logros no son tales, ya que los logros no pueden ser valorados sin tomar en cuenta sus consecuencias o sus efectos colaterales. El más evidente es el desarrollo que se ha hecho con unas consecuencias catastróficas sobre el medio ambiente y sobre los hombros de quienes han puesto su sudor, su sufrimiento o su vida para que otros tengan el nivel de desarrollo que hoy se considera un logro para un 20% de la humanidad. Obviamente desde el liberalismo se defiende que quienes no han logrado el desarrollo de los demás es por ineficacia, por exceso de control o por unos niveles de corrupción tales que les ha impedido alcanzarlo, pero dichas razones parten del presupuesto de que todas las personas del mundo tienen o han tenido un punto de partida idéntico, desde el que contando con sus circunstancias se han desarrollado o no, y eso es falso. La falta de perspectiva del liberalismo le hace sucumbir a un realismo inocente frente al mundo. Analiza el desarrollo actual sin tener en cuenta que África era autosustentable económicamente, hasta que su población fue utilizada como mano de obra gratuita para el desarrollo de los países de Europa y Norteamérica; que en un segundo paso se colonizó para controlar su desarrollo político; y que en un tercer momento se controló su economía férreamente para poder extraer las materias primas que se necesitaban en los países desarrollados para continuar desarrollándose.

La aplicación de determinadas acciones paliativas como la RSE, la Ayuda al Desarrollo, el Comercio Justo, la Economía Social Solidaria, tienen dos aspectos. Por un lado son acciones ad-hoc que han tenido que llevarse a cabo para compensar la brutalidad despiadada que ha mostrado el sistema liberal (neoliberal o capitalista) desde sus inicios, y hacer más humano un mundo donde la inhumanidad del hambre, la miseria y el comercio con la vida humana campan a sus anchas.

La Ayuda al Desarrollo recuperó para el mundo desarrollado a Alemania en los 50, a España, Portugal y Grecia en los 80, pero ha sido incapaz de hacer lo mismo con los países previamente empobrecidos del sur. Quizás habría que preguntarse si en vez de la corrupción de sus gobernantes no sería una razón más evidente el control que el capitalismo impone sobre otros para liberalizar lo de los suyos, para la situación de falta de desarrollo.

La RSE y la ESS son formas de trabajar desde la empresa que vienen a evidenciar que pueden llevarse a cabo emprendimientos donde lo que prima no es el beneficio, sino las personas, pero no creo que sea para mostrar que se puede dar un barniz al capitalismo con ellas, sino que vienen a mostrar que un sistema económico donde primen las personas es posible.

En los últimos tiempos se ha venido hablando mucho del Bien Común, o Economía del Bien Común, que nuestra autora dice que es “entendido como las condiciones necesarias en una sociedad para que cada persona se pueda perfeccionar.” El problema aquí es que esto siempre depende de quien quiera aplicar dicho Bien Común. Y es en las condiciones de aplicación, en los procesos donde debe ponerse el acento; son las propias personas las que deben decidir cual es el bien común, y deben hacerlo de forma que se puedan escuchar las voces de cada una y que las decisiones sean en común. Horizontalidad antes que verticalidad, deliberación antes que representación.

Para finalizar hay cuatro méritos del liberalismo económico que deben tomarse en cuenta:

1. “…con su propuesta de división del trabajo de modo eficiente, el desarrollo de la productividad en general, que ha permitido a los actores económicos lograr satisfacer buena parte de sus necesidades.” Preguntaría si la división vertical, dependiente de que el emprendimiento cuente con los apoyos financieros previos, es realmente eficiente, o si la productividad a costa de salarios de miseria en unos lugares frente a salarios incontrolables o controlados por sindicatos en otros es una productividad que tenga en cuenta a las personas. Ya que no todos los actores económicos valen lo mismo ni pueden satisfacer sus necesidades, en la mayor parte de los casos, primarias. Y un apunte sobre ciencia y técnica; la primera, y sobretodo la segunda, las ha puesto el liberalismo a trabajar para el beneficio controlado de unos pocos y el control desmesurado de la mayoría.

2. “El mercado ha permitido una mayor movilidad de los bienes producidos para ser utilizados por los consumidores, que no se podría pensar en términos de trueque o simple intercambio bilateral.” La movilidad de los productos se ha basado en el poder adquisitivo de los potenciales consumidores y de los intereses de las compañías de transporte, que son los verdaderos controladores del mercado, que nunca es un elemento libre, sino que depende de factores que son fácilmente controlables para quienes controlan la producción, transporte y puntos de venta. El trueque o intercambio no muestra ninguna diferencia con la esencia del mercado, salvo por la existencia de un elemento que puede convertirse también en objeto de acumulación y consumo; el dinero. Y es el dinero, una vez que se convierte es bien de consumo y atesoramiento, los bancos, entendidos como centros de acumulación y comercio del propio dinero, el que liquida finalmente la idea romántica de un libre mercado autoregulado.

3. “… una sana y libre competencia incide positivamente en el sano afán de superación que sirve al desarrollo de las personas.” La competencia es sana en igualdad de condiciones, no en igualdad de oportunidades, no en identidad de condiciones. El mercado no es una carrera de 100 metros libres o de 5000 metros obstáculos; es una competición donde niños, adultos y ancianos; personas con discapacidades físicas o mentales; enfermos y sanos, altos y bajos, gordos y flacos, corren sin una meta definidad y sobre terrenos y condiciones climatológicas diferentes; es una lucha encarnizada que está regulada de principio a fin para nunca obtener la satisfacción definitiva.

4. “… la libertad es más creativa que la burocracia estatal, y que la libre competencia es importante para promover el desarrollo y la iniciativa individual.” La libertad de acción con un marco de valores es más creativa que cualquier cosa, y sobretodas las cosas, es más creativa que la libertad de actuar para el beneficio individual.

Personalismo Comunitario y Liberalismo (en cualquiera de sus versiones) no son compatibles, porque desde su base, el criterio comunitario tiene el mismo peso que el personal. La persona nunca es individuo, lo cual no significa que no tenga cada una su especificidad, sus deseos, expectativas,… sino que están ordenadas al bien de la comunidad tanto como al bien de sí mismos.

Traducción de “El anarquismo político”

Aquí les comparto la traducción que he realizado de una conferencia que Charle Péguy dio en tres sesiones en los meses de enero y febrero de 1904, y que aparecen como reproducción de la dactilografía que se llevó a cabo durante sus conferencia, en los anexos “Noticias, notas y varios” al final del tomo editado en 1987 por la Ed. Gallimard titulado “Oeuvres en prose completes” págs. 1793 y 1827.

Espero en breve que el trabajo que he realizado al rededor de dicho texto aparezca publicado en la revista Logos de la Univ. Católica de Costa Rica y una versión reducida y adaptada en la Revista Ofoq (Horizontes) de la Academia de Pensamiento Popular de Trípoli (Libia). En su momento les compartiré enlaces y textos.

Mientras, el texto lo pueden leer pinchando aquí: “El anarquismo político”.

Un texto propio y una traducción

Recientemente he traducido un texto que a su vez he comentado someramente, que creo será de utilidad para aquellos que deseen acercarse a péguy en castellano. Se trata de unas conferencias dactilografiadas que Péguy denominó “Del Anarquismo Político”, aunque yo he denominado el trabajo como La Libertad en Péguy. El texto se puede leer en este enlace de Google Docs.