Video presentación “Entretiens” de Emmanuel Mounier

En la página de Facebook de Emmanuel Mounier acabo de hacer una emisión en directo para presentar brevemente la última aparición editorial de Emmanuel Mounier, “Entretiens”.

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Iglesia y Estado

Llevo dos meses reflexionando sobre el concepto de lo común y como lo relacionamos con lo público, lo estatal y lo privado a la hora de nuestra comunicación habitual.

He de reconocer que no es sencillo hacerlo con el caso complejo de la Iglesia en su relación con el Estado en lo que se refiere en especial al caso español, que quizás se puede extender a muchos otros del occidente católico. El cristianismo es la fuente de la que surge la mayor parte del pensamiento occidental sobre lo común, ya que la idea de comunidad, de fraternidad y por tanto de uso y reparto de lo que tenemos a nuestro alcance proviene de la interpretación del Sermón de la Montaña y de lo que debió ser una consecuencia, la multiplicación de panes y peces. El pensamiento anarquista a través de aquellos que durante siglos reflexionaron sobre esto, llegaron a la conclusión de que la propiedad era la clave maestra de la construcción del sistema de exclusión que combinaba lo material, espiritual y familiar que ha llegado a nuestros días como el liberalismo capitalista.

La Iglesia como organización social y religiosa contiene todas las incongruencias posibles en su seno. Predica la pobreza (que algunos podrían denominar como decrecimiento o austeridad) y que todas las personas somos hermanas (somos iguales y con los mismos derechos). Pero a su vez exhibe el oro y los signos de poder de que dispone; tesoros culturales, sociales y artísticos. Esos que muchos piden que sean vendidos para que esa riqueza pase a ser repartida.

Se confunde la propiedad con la custodia, y el valor con el precio. Efectivamente todo ese poder (no el político ni el espiritual) debería ser común, pertenecer a la comunidad y poder disfrutar de él, sin que fuera signo de sometimiento sino de la grandeza del espíritu y el hacer humano. No debería ser de propiedad estatal, ni privada, por eso no debe ser vendido, ya que su valor es algo que solemos referir como incalculable. Nos pertenece como especie, como comunidad, y no debería pasar a formar parte del mercado que asigna precio a lo que no lo tiene.

Pero ciertamente debería darse el paso que implica el reconocimiento de que no es objeto de propiedad, sino usufructo de la comunidad de las personas que pueblan el planeta. De la misma forma que ya se ha dado el paso para aclarar las consecuencias de lo que en el Génesis significa nuestro entorno gracias a la encíclica Lautato si, donde nuestra casa, nuestro entorno, es usufructuado sin posesión, de la misma forma aquello que la Iglesia atesora y guarda debería pasar a ser de uso común. Las consecuencias culturales serían enormes, pero hay una consecuencia más que sería de un alcance aún mucho mayor.

A parte de las actividades espirituales y de servicio a la comunidad de los desfavorecidos, hay una actividad sumamente importante que se vería afectada por este cambio en la Iglesia, y sería en la educación. Poner al servicio de la comunidad toda esa gran cantidad de edificios, no solo los actualmente dedicados a la educación, sino todos aquellos que son dedicados a cuestiones mucho menos sociales, implicaría una apuesta por un modelo de educación, más allá del estatal, comunitario, realmente público, que pudiera gestionarse de manera social, llegando mucho más lejos que los actuales sistemas educativos estatales, que en algunos casos son realmente deficitarios, y quizás sirviera de ejemplo (otra de las vocaciones perdidas de la Iglesia) a los Estados en el camino de una gestión social y eficiente de lo común, favoreciendo de paso modelos educativos coherentes con ello, cooperativos y comunitarios.

Los caminos del poder siempre son complejos porque superponen los intereses al servicio, lo privado a lo común, lo estatal a lo público. Y los desvíos hay que decidir tomarlos.

Moral, Ley Natural y Tracendencia

Anteayer, Víctor Bermúdez, profesor de Filosofía en Mérida, publicaba en El Periódico de Extremadura un artículo a raíz de los estudios científicos que hablan del origen fisiológico y por tanto también en el tiempo, origen primate, de nuestra moral y nuestra ética.

Termina dicho artículo con el siguiente párrafo:

Una conclusión de todo esto es que resulta imposible sustituir la educación ética por psicofármacos (o por neurocirugía), o por una reflexión frente a la jaula de los primates. Además, esta imposibilidad es lógica, no fáctica. Por lo que es insuperable, y tan inmortal como lo son los dioses. Pero creo que insinuar la necesidad racional de lo trascendente como condición de la moral es más de lo que podría soportar un primatólogo materialista. Lo dejamos, pues, para otra ocasión.

Creo que el concepto de Naturaleza, en la acepción que nos lleva a pensar en la existencia de una Ley Natural, debemos extirparlo de nuestro vocabulario, con el fin de progresar en el camino por un lado de asumir nuestra parte biológica con todas sus consecuencias, pero también para poder aceptar que una persona humana tiene la capacidad de trascendencia, sino la necesidad. Y todo ello ayudaría de paso a que asumiéramos a nuestras hermanas no humanas dentro los criterios de convivencia que nuestro planeta demanda.

Ni belicistas ni monárquicos

Ni es monárquico ni es belicista. Es un juego sí, un juego donde dos personas van a intentar conocer a su oponente. Ni matar, ni comer, sino tomar. Cuando el bosque oculta la realidad no hay como un estólido para regodearse en la estulticia general. El ajedrez es un juego en el que cada persona pone en juego su propio Yo, y se enfrenta a una relación personal con otro, y en ese proceso ponen en marcha todas sus herramientas relacionales para conseguir el objetivo final; apartar todos los obstáculos y conocer lo mejor posible a su oponente. Fijarlo, conseguir inmovilizar el yo de la otra persona y conocerla mejor tras desvestirla.

Las denominaciones, las formas, son ese bosque que al necio le ocultan la realidad de lo que representa ese juego. Una representación mucho más allá de las obligaciones que las piezas mantienen con la Historia. Cosa que el tablero ya consiguió liberar. Los escaques son la representación figurada del territorio en el que nos movemos; en lo bidimensional viene a figurar la esencia tridimensional con sus proporciones, haciendo un paralelismo con la realidad en la que siempre falta aparentemente una dimensión, el tiempo. Aquellos que jugamos con frecuencia nos hemos hecho al uso de un tiempo marcado, no por masoquismo, prisas o falta de paciencia. La vida tiene un transcurso, una duración determinada, y las relaciones personales se ven constreñidas a ese corsé más o menos comprimido, más o menos extendido. Es por ello que se ha confundido la agudeza mental provocada por el juego frecuente, como si fuera un progreso en la inteligencia o en la lógica del individuo, cuando en realidad se trata de una mayor habilidad en comprender lo que la persona que nos habla quiere transmitir, sus argumentaciones, su estrategia comunicativa. La habilidad espacio-temporal en la comprensión del otro es vital en el proceso de personalización, pero también lo ha sido en nuestro proceso de humanización. Nos hemos hecho más y más personas a medida que hemos desarrollado la habilidad de comprender el juego y representación de aquellas a las que tenemos delante.

Es la misma lógica interna a la música. Se trata de mecanismos de representación auditiva que provocan reacciones diferentes en cada una. Es como una cinta transportadora, la secuenciación que acompaña a nuestros procesos mentales y arrastra pensamiento, lenguaje y acción. Los juegos, sobretodo los juegos simples de dos jugadores permiten una aproximación de ambas secuenciaciones, de una superposición temporal de ambas “músicas” que como si de una danza coordinada se tratara, y que nos permitiera contemplar al otro de una manera sintonizada. Los juegos que analizó la matemática moderna, y como consecuencia la economía de mercado, a raíz de los estudios de Nash, son de 3 o más jugadores, y no implican los mismos procesos, sino la sincronía y armonización de las acciones, permitiendo la predictibilidad de las mismas. No se trata de la relación biunívoca de dos almas, mentes y espíritus, sino la armonización de las decisiones e interrelaciones de cuerpos y mentes; no nos centramos en el “entre” sino en la proyección y las consecuencias.

Las piezas de nuestro juego, de nuestra representación teatral podrían estar vestidas como lo están de monarquía y belicismo, como podrían estarlo como los personajes de Loonie Tunes, Star Trek o Star Wars. Es lo mismo Casa de Muñecas, La Escalera, Esperando a Godot, El alcalde de Zalamea o Romeo y Julieta; se trata de representar a la realidad con diferentes personajes, que en realidad son el medio por el que un autor “juega” con el público. Se trata de una representación de nuestras herramientas, de nuestras vías de aproximación al otro, y con ellas nos arropamos, nos encubrimos, nos develamos o desvelamos al otro. Paso a paso nos vamos acercando al centro de nuestro oponente y a su vez él al nuestro. Es un baile de máscaras que caen y que finalmente terminan por detener a uno de ellos. Y es en el proceso por el que nos reconocemos, tanto nosotras mismas como el otro. Y claro está, puede suceder que no lleguemos a desvelar más que algunas trazas, y que todo quede en un aplazamiento. Pero ni hay muertes, ni violencia ni derrocar reyes o reinas; simplemente personas en busca de sentido y de re-conocimiento.

El valor de una vida humana

No hace mucho tiempo vi la película “Good Kill”, que por primera vez ponía el acegoodkillnto sobre esa nueva forma de matar que nos permiten los drones; a distancia, como en un videojuego, pero en primera persona. Se centraba mucho en los problemas personales, no quedaba muy claro si de conciencia, del oficial protagonista de la películaeyeinthesky.jpg. Realmente no te das cuenta del punto de vista siempre individualista que le confieren a las películas en USA, hasta que no ves el mismo tema tratado desde el otro lado del Atlántico. Igualmente anglosajones, aparentemente forjados por la misma ética protestante de Hume, Mill o Weber, pero siempre con un carácter mucho más personal. “Eye in the Sky” es casi una obra de teatro con 6 escenarios simultáneos, coordinados por la tecnología que nos permite vernos y oírnos en tiempo real, igual que podemos asesinar en tiempo real y en primera persona sentados con un café o un té con pastas.

La última frase de la película es también la última frase que Alan Rickman nos dejó en el cine:

“Nunca le diga a un soldado que no conoce el precio de la guerra”

Tres objetivos prioritarios de la facción somalí de ISIS se encuentran reunidos en una casa del barrio de refugiados somalíes de Nairobi preparándose para un ataque suicida; desde el centro de mando del ejército y el del gobierno británicos, la base de operaciones de drones en Texas y de la inteligencia de USA en Hawai, y del ejército keniata en Nairobi se monitoriza el ataque desde un dron para abatirlos. El problema surge con la presencia en el área de alcance del ataque de una niña que vende pan.

El valor de la vida humana es el epicentro de todo, y girando al rededor se encuentran la responsabilidad sobre las decisiones, la responsabilidad de gobierno, la aplicación “contable” que significa la estimación de daños colaterales, y varias temáticas más habituales en la ética.

Siempre me he preguntado si al valor de la vida de una persona es posible aplicarle operaciones aritméticas. Si una vida vale mucho, ¿cuanto vales tres?¿Mil?¿Un millón? Y si una es incalculable, ¿podemos atrevernos a poner por delante la vida de ochenta frente a la de una? Pero ese es el problema más evidente del que trata esta película. Detrás se encuentra el dilema de la violencia, y de la legalidad de la muerte en estado de guerra. En la comparativa de estos dos títulos de los que hablo, hay algo que podemos sacar en claro a primera vista; o en las películas norteamericanas nos engañan simplificando las historias al máximo, o la práctica en la toma de decisiones en el país más poderoso de la Tierra no se sustenta más que en las de una sola persona. En la cinta inglesa se puede observar un complejo entramado político, legal y militar que precisa que entre ellos haya acuerdo, teniendo la decisión última el responsable del ejecutivo. Pero aún así las decisiones están basadas en los efectos cuantificables que se generen; muertos, imagen pública, efectividad,…

Esa frase del final, parece dejar la puerta abierta para salvar el “honor” cuestionado de un militar que mata desde una silla a miles de kilómetros sin riesgo para su vida. Pero más bien creo que es la muestra de esa imposibilidad para justificar sus actos amparado en una mística militar cada vez más difícil de defender. En la lógica de la guerra tradicional, la que se termina con Vietnam, las muertes de uno y otro lado se consideran “legales”, producidas en el proceso de una guerra. Pero poco a poco, durante los años 70 y 80 se fue generando una transformación de esa lógica, hacia una en la que la guerra es siempre defensiva, lo que convierte al otro en terrorista, y por tanto “mis” muertos siempre son asesinatos cometidos por el oponente. A dicha transformación, ha venido a sumarse la mezcla de distancia y efectividad que aportan las nuevas tecnologías. Bombardear Dresde y matar a miles indiscriminadamente no tenía más justificación que “terminar cuanto antes la guerra”; lo mismo con Hiroshima y Nagashaki. Ahora podemos matar a una persona con pocos “daños colaterales” con una certeza casi total; ¿cuantas veces se habrán preguntado como hubiera sido poseer esta tecnología y poder matar a Hitler desde un despacho de Londres?

Al final, cada uno carga con sus culpas, sí, pero los muertos son vidas concluidas para siempre. Creación, fabricación y comercio de armas son el mayor delito de lesa humanidad que existe. Si realmente queremos afrontar la culpa y nos creemos capaces y legitimados para matar, que sea mirando a los ojos y con nuestras propias manos.

Ecología Política

Gracias a la persistencia y la influencia de Carmen Ibarlucea, he ido incorporando al bagaje del Personalismo Comunitario el cuerpo teórico de la Ecología Política. Hace años, unos 12, partiendo de algunos pensadores que habían avanzado desde Emmanuel Mounier por la senda del derecho y la economía, llegamos a Georgescu-Roegen y las teorías del decrecimiento. Pero la actualización de sus teorías económicas vienen de la ecología política, y tienen unos 15 años aproximadamente.

Pasándolas por el tamiz del personalismo, de la crítica a la modernidad de Péguy, nacen estos 5 criterios básicos desde los que poder construir una comunidad consistente con sus componentes y el entorno que la rodea.

‪#‎Cooperación‬ En todo lo relacionado con lo organizativo y en la acción diaria, es la base para que las fronteras interiores y exteriores sean permeables y la participación posible. Ninguna organización verticalizada, centralizada o con órganos impermeables podrán establecer las relaciones de cooperación necesarias con las personas que la componen, ni con esas otras organizaciones con las que establecer lazos de trabajo conjunto.

‪#‎Ecofeminismo‬ La autonomía de las personas es el objetivo más allá de la igualdad. Desarrollar una ética del cuidado es el objetivo más allá de la mera conciliación. La Modernidad y sus categorías han impuesto que la Igualdad sea el criterio de referencia, pero el patriarcado ha marcado esas relaciones descompensándolas gravemente desde el principio. Sólo la reinclusión de la feminización en nuestra sociedad podrá restablecer el equilibrio original en nuestra especie y con el entorno.

#‎EconomíaCircular‬ El producto obtenido, como el necesario beneficio dependen de los materiales utilizados y de las relaciones entre estos y los productores. Esto ya lo vio el marxismo, pero no supo escapar del productivismo, porque las personas somos primero y vivimos en un planeta de límites finitos. Producir tomando en cuenta el impacto de toda la cadena, el consumo energético y las relaciones de producción, mantienen cerrado el ciclo económico dentro del equilibrio que necesita el planeta.

‪#‎Redistribución‬ de las rentas, de los derechos, de los espacios, de la energía… porque sólo a través de una Renta Básica Universal podremos dotar de un sólido punto de partida a toda persona; y sólo con una equiparación del acceso a sus necesidades vitales podremos objetivar los derechos de todas; y sólo redistribuyendo el acceso a la tierra garantizaremos la alimentación; y sólo socializando el acceso a la energía, una cada vez más limpia y respetuosa con el entorno podremos dar la potencia a toda las posibilidades personales.

#‎Personas‬ humanas y no humanas, cuidadas y cuidadosas del medio que habitan, hospitalarias con lo que las rodea. Asumir que todos los seres vivos deben ser cuidados, y las personas humanas debemos cuidarnos unas a otras, aceptando el reto de cuidar del entorno en el que vivimos es una prioridad que precisa de un cambio de forma de ver lo que nos rodea. Ser hospitalarios, recibir y ser recibidos.

 

Liberalismo y Personalismo Comunitario; imposible coincidencia

Este post es un comentario y una crítica a la sección de Persona y Sociedad del nº23 de la revista Persona, que puede verse y descargarse AQUÍ

Es cada vez más frecuente que nos encontremos con la relación liberalismo-personalismo entre los autores que desde uno u otro posicionamientos intentan dar respuesta a la situación en la que se encuentra nuestra sociedad, nuestro mundo, en lo que a economía y valores se refiere. Incluso es muy frecuente que dicha relación se vea traspasada por el hecho de que se hable de posicionamientos cristianos en ambos casos. En este último número de la revista Persona, de febrero de 2004 (nº 23) nos encontramos que la sección Persona y Sociedad la componen tres artículos que se encuentran en la situación antes mencionada, abordando diferentes aspectos de los procesos económicos desde planteamientos personalistas, como pueden ser la responsabilidad social empresarial (RSE), las relaciones humanas dentro de y desde la empresa, y un análisis del liberalismo desde el personalismo.

Si bien la relación que menciono se da habitualmente con el personalismo, siendo menos usual, comienza a aparecer con el personalismo comunitario. Y este situación me resulta, a parte de llamativa, preocupante. Y voy a intentar justificar porqué considero que esta relación no es coherente para ambas partes, a pesar de que la atención a determinados aspectos del ser humano puedan hacer pensar que es posible.

Para ello voy a comenzar revisando los tres términos con que se inicia el artículo de Maria Amalia Pérez sobre el liberalismo económico desde el personalismo; liberalismo, liberalismo económico y neoliberalismo. La libertad de cada individuo, defendida en la limitación o eliminación de la intervención estatal en los procesos económicos, en particular sobre los mercados; esa vendría a ser la tesis del marco liberal. Una libertad concebida como lo hace Isaiah Berlin, como libertad positiva, como “libertad para”. El personalismo comunitario y el liberalismo coinciden en considerar a la libertad como acción, una libertad que se concibe en la acción de la persona y que para el liberalismo se plasma en el proyecto de construcción del individuo sin constricciones, mientras que en el personalismo se plasma en la liberación, en la acción de la persona para construirse como individuo y como comunidad.

Y aquí la clave del liberalismo y el individualismo; los ámbitos. Para el individualismo, y con él la teoría liberal, toda acción humana debe ser libre, sin limitaciones ni coerciones. El factor regulador siempre es auto regulador, es el propio individuo o el marco fundamental de sus acciones que es el mercado. No existe ámbito individual que se vea regulado de forma externa, ya que consideran al mercado como interno. Por ello la educación debe ser libre, para que el desarrollo personal lo sea; la economía libre, para que el mercado pueda ejercer sus autoregulaciones de manera automática; ….

El personalismo comunitario como decía considera la libertad como proceso, como liberación. No es un estado, no tiene un carácter ontológico, no se es libre. Es un proceso de constante re-equilibrio de las acciones, porque no se concibe a la persona como individuo, sino como parte de una comunidad. Por ello no existe ámbito donde no se deba dar dicho proceso. La educación debe ser libre para que la persona alcance sus expectativas y lo haga dentro de su comunidad que también tiene sus propias expectativas, generadas como confluencia de las personales de sus miembros; la economía debe ser libre, para que los recursos y los beneficios recaigan por igual en los miembros de la comunidad según sus necesidades y no según sus esfuerzos.

Los fracasos del liberalismo hasta la fecha son evidentes, como nos hace ver María Amalia Pérez, pero sus logros no son tales, ya que los logros no pueden ser valorados sin tomar en cuenta sus consecuencias o sus efectos colaterales. El más evidente es el desarrollo que se ha hecho con unas consecuencias catastróficas sobre el medio ambiente y sobre los hombros de quienes han puesto su sudor, su sufrimiento o su vida para que otros tengan el nivel de desarrollo que hoy se considera un logro para un 20% de la humanidad. Obviamente desde el liberalismo se defiende que quienes no han logrado el desarrollo de los demás es por ineficacia, por exceso de control o por unos niveles de corrupción tales que les ha impedido alcanzarlo, pero dichas razones parten del presupuesto de que todas las personas del mundo tienen o han tenido un punto de partida idéntico, desde el que contando con sus circunstancias se han desarrollado o no, y eso es falso. La falta de perspectiva del liberalismo le hace sucumbir a un realismo inocente frente al mundo. Analiza el desarrollo actual sin tener en cuenta que África era autosustentable económicamente, hasta que su población fue utilizada como mano de obra gratuita para el desarrollo de los países de Europa y Norteamérica; que en un segundo paso se colonizó para controlar su desarrollo político; y que en un tercer momento se controló su economía férreamente para poder extraer las materias primas que se necesitaban en los países desarrollados para continuar desarrollándose.

La aplicación de determinadas acciones paliativas como la RSE, la Ayuda al Desarrollo, el Comercio Justo, la Economía Social Solidaria, tienen dos aspectos. Por un lado son acciones ad-hoc que han tenido que llevarse a cabo para compensar la brutalidad despiadada que ha mostrado el sistema liberal (neoliberal o capitalista) desde sus inicios, y hacer más humano un mundo donde la inhumanidad del hambre, la miseria y el comercio con la vida humana campan a sus anchas.

La Ayuda al Desarrollo recuperó para el mundo desarrollado a Alemania en los 50, a España, Portugal y Grecia en los 80, pero ha sido incapaz de hacer lo mismo con los países previamente empobrecidos del sur. Quizás habría que preguntarse si en vez de la corrupción de sus gobernantes no sería una razón más evidente el control que el capitalismo impone sobre otros para liberalizar lo de los suyos, para la situación de falta de desarrollo.

La RSE y la ESS son formas de trabajar desde la empresa que vienen a evidenciar que pueden llevarse a cabo emprendimientos donde lo que prima no es el beneficio, sino las personas, pero no creo que sea para mostrar que se puede dar un barniz al capitalismo con ellas, sino que vienen a mostrar que un sistema económico donde primen las personas es posible.

En los últimos tiempos se ha venido hablando mucho del Bien Común, o Economía del Bien Común, que nuestra autora dice que es “entendido como las condiciones necesarias en una sociedad para que cada persona se pueda perfeccionar.” El problema aquí es que esto siempre depende de quien quiera aplicar dicho Bien Común. Y es en las condiciones de aplicación, en los procesos donde debe ponerse el acento; son las propias personas las que deben decidir cual es el bien común, y deben hacerlo de forma que se puedan escuchar las voces de cada una y que las decisiones sean en común. Horizontalidad antes que verticalidad, deliberación antes que representación.

Para finalizar hay cuatro méritos del liberalismo económico que deben tomarse en cuenta:

1. “…con su propuesta de división del trabajo de modo eficiente, el desarrollo de la productividad en general, que ha permitido a los actores económicos lograr satisfacer buena parte de sus necesidades.” Preguntaría si la división vertical, dependiente de que el emprendimiento cuente con los apoyos financieros previos, es realmente eficiente, o si la productividad a costa de salarios de miseria en unos lugares frente a salarios incontrolables o controlados por sindicatos en otros es una productividad que tenga en cuenta a las personas. Ya que no todos los actores económicos valen lo mismo ni pueden satisfacer sus necesidades, en la mayor parte de los casos, primarias. Y un apunte sobre ciencia y técnica; la primera, y sobretodo la segunda, las ha puesto el liberalismo a trabajar para el beneficio controlado de unos pocos y el control desmesurado de la mayoría.

2. “El mercado ha permitido una mayor movilidad de los bienes producidos para ser utilizados por los consumidores, que no se podría pensar en términos de trueque o simple intercambio bilateral.” La movilidad de los productos se ha basado en el poder adquisitivo de los potenciales consumidores y de los intereses de las compañías de transporte, que son los verdaderos controladores del mercado, que nunca es un elemento libre, sino que depende de factores que son fácilmente controlables para quienes controlan la producción, transporte y puntos de venta. El trueque o intercambio no muestra ninguna diferencia con la esencia del mercado, salvo por la existencia de un elemento que puede convertirse también en objeto de acumulación y consumo; el dinero. Y es el dinero, una vez que se convierte es bien de consumo y atesoramiento, los bancos, entendidos como centros de acumulación y comercio del propio dinero, el que liquida finalmente la idea romántica de un libre mercado autoregulado.

3. “… una sana y libre competencia incide positivamente en el sano afán de superación que sirve al desarrollo de las personas.” La competencia es sana en igualdad de condiciones, no en igualdad de oportunidades, no en identidad de condiciones. El mercado no es una carrera de 100 metros libres o de 5000 metros obstáculos; es una competición donde niños, adultos y ancianos; personas con discapacidades físicas o mentales; enfermos y sanos, altos y bajos, gordos y flacos, corren sin una meta definidad y sobre terrenos y condiciones climatológicas diferentes; es una lucha encarnizada que está regulada de principio a fin para nunca obtener la satisfacción definitiva.

4. “… la libertad es más creativa que la burocracia estatal, y que la libre competencia es importante para promover el desarrollo y la iniciativa individual.” La libertad de acción con un marco de valores es más creativa que cualquier cosa, y sobretodas las cosas, es más creativa que la libertad de actuar para el beneficio individual.

Personalismo Comunitario y Liberalismo (en cualquiera de sus versiones) no son compatibles, porque desde su base, el criterio comunitario tiene el mismo peso que el personal. La persona nunca es individuo, lo cual no significa que no tenga cada una su especificidad, sus deseos, expectativas,… sino que están ordenadas al bien de la comunidad tanto como al bien de sí mismos.

Renovación

Metido en esta primavera que no llega y la lluvia que no cesa, hago este acopio de fuerzas en un blog en el que espero unificar todo lo que escribo. De momento me gustaría rescatar aquí algunas de las cosas que se publicaron como notas en Facebook y/o como artículos en mi columna “Corriente arriba” en Euro Mundo Global. Pero en seguida ir publicando nuevas cosas, ya que esta vez aquí se unen filosofía, actualidad, mi tesis, y todo lo que vaya surgiendo, siempre en conexión con mi página en Facebook y las páginas que allí gestiono sobre los autores que aparecen en el navegador de este blog.

Me gustaría no sólo recibir los comentarios que uno siempre espera, sino que otros me indiquéis que os interesa publicar aquí cosas sobre Péguy, Mounier, Landsberg o el Personalismo, y así hacer esto algo mucho más colaborativo.

Espero vuestras aportaciones y comentarios.

Debates del personalismo VIII

Coincido casi plenamente en el análisis inicial en la respuesta de Carlos. Ambos sabemos a qué tradiciones pertenecemos, aunque yo no creo que mi punto de vista sea “verdadero”. Es mi lectura y mis conclusiones sobre lo que hemos hablado y lo que he leído de los autores en cuestión. No creo que haya en mí voluntad de considerar mi interpretación como la verdadera, sino como una que cuadra con mi visión del mundo. Vivo el personalismo, y ello me hace situarme de forma vital frente a la realidad, pero también como filósofo. Cuando afirmo que la persona es y se hace no pretendo describir la realidad, sino mostrar precisamente una doble vía en la multiplicidad que somos. Pues no cabe duda que existimos, estamos y que además somos; incluyo las tres vertientes ya que en castellano no están bien subsumidas las tres en el verbo ser. Somos personas porque es nuestro modo de ser; qué sea la persona es una labor concreta a llevar a cabo en otro lugar. Nos situamos en el mundo y actuamos, estamos y existimos de un modo también, que se corresponde con lo que entendemos por ser persona. Del hecho de que concibamos de una manera u otra a la persona, como solamente una forma de ser, o también como una forma de actuar en el mundo y en el devenir del tiempo, cambian radicalmente. Así lo que trataba de describir era que habían dos formas de abordar el problema.

Por otro lado, me gustaría que me explicaras que entiendes por “macla”, ya que para mí es una unión de cristales gemelos en forma simétricos. Si se trata de una relación metafórica, entiendo que la diferencia entre ambos sigue siendo metodológica, ya que tú estás viendo a cada “cristal” gemelo por separado, y yo veo la unidad que forman, que sería la persona.

En cuanto a las contraposiciones:
De “personalizar” y “personalizarse”, creo que hay algo que no entiendo. Si yo personalizo “mi”… me personalizo, en palabras tuyas, con lo que en principio estamos diciendo lo mismo, aunque yo no hablo de “naturaleza”, terminología ajena a mí.
De “inestabilidad” y “quietismo”, es un juego de palabras que he utilizado, ya que inestable y dinámico están emparentados, y por lo mismo sus opuestos. Y lo que me interesaba oponer era la inestabilidad de lo que se reconoce como estable en nuestra sociedad (tener un trabajo bien visto, una familia “normal”, una casa,…) y la quietud en cuanto a inmovilismo.

Y dos apuntes finales:
Yo sí me considero filósofo, porque es mi vida y aplico lo que aprendo en lo que enseño. Hago de mi vida un reflejo de lo que pienso, o eso intento. Creo que es tan lógico como considerarse biólogo aunque se sea profesor de biología.
Los pensadores escriben lo que piensan, incluso lo que piensan sobre otros pensadores que escribieron (….), y es nuestra función interpretarlos. No creo haber dicho que pensaran así, es mi interpretación de lo que dijeron, y de ella resultan otros caminos, como en tu caso, enriquecedores (espero) de lo anterior. No podemos ser meros repetidores, debemos arriesgar, jugar en la inestabilidad del compromiso con la realidad para descubrir al otro, y quien sabe, si la Gracia, de conocer al Otro.

Debates del personalismo VII Contestación Carlos Massías

Mala jugada me hace Javier al convertir mi comentario al paso en un post, porque acentúa la responsabilidad sobre mis palabras y su claridad. Pero, ¿qué podría agregar? En líneas generales, Juan Carlos ha entendido mi punto de vista; pero no lo comparte. ¿Qué puedo hacer? Considero que mi punto de vista es verdadero; pero la verdad se propone, no se impone. Podemos pasarnos cien mil comentarios en los que cada uno intenta aclarar mejor su punto de vista, sin que al final puede mover ni una pizca el punto de vista del otro. Antes bien, terminaríamos como Edith Stein, reconociendo que somos lectores atentos de la postura del otro; pero que no podemos hacer tabula rasa de la senda filosófica que cada uno ha escogido, la raíz de la cual se nutre. Con todo hay una razón que valida el diálogo, y es que si bien puede que al final no se muevan las inteligencias, se pueden mover las personas para comprenderse unas a otras.

Comencemos por la aporía que señalo. Juan Carlos dice que no es tal porque, afirma, la persona es y se hace. Ciertamente, si dirigimos nuestra atención a la realidad vemos que Juan a lo largo de su vida cambia tanto a nivel biológico, psicológico, anímico, y sin embargo sigue siendo Juan. No se puede negar que Juan cambia; pero tampoco se puede negar que Juan permanece en medio del cambio, esa es la realidad (a este problema refiere san Agustín en las primeras páginas de las confesiones). Le toca a la filosofía intentar dar una explicación suficiente de ese aspecto de la realidad. Afirmar, como lo hace Juan Carlos, que la persona es y se hace, es un intento de describir la realidad; pero no de explicarla, y repetirla varias veces no la convierte en explicación. Y no solamente la afirmación de que la persona es y se hace no explica nada, sino que sucumbe a la perplejidad cognoscitiva. ¿En qué se nota la perplejidad? En que se resuelve la antinomia en una macla contradictoria. ¿Qué consecuencias trae esto? Que como lo realidad es no contradictoria, si lo pensado es una macla contradictoria, lo pensado no es pensamiento de lo real, sino puro pensamiento. Nos hemos desconectado de la realidad, y nuestro pensamiento intenta autofundarse. Nótese por ejemplo la afirmación “somos personas desde un primer instante, pero personas que deben pasar por un proceso de personalización”, ¿Si somos personas por qué debemos pasar por un proceso para hacernos personas? Esta afirmación es producto de la perplejidad, es la reaparición en términos personalistas de la causa sui de Spinoza (en Spinoza la causa sui aparece porque macla el orden de las ideas y el orden de las cosas). Como la persona es causa sui lo trascendente no es imprescindible para el proceso de personalización. Si la trascendencia “no es imprescindible para la personalización”; pero los valores si son necesarios para personalizarse, ergo, los valores no son del ámbito de lo trascendente, ¿son los valores inmanentes? Todo parece indicar que sí, dado que el ámbito de la trascendencia se ha tornado prescindible. Detrás de todo esto palpita un intento de colocar la ética por encima de la metafísica, lo que supone una postura voluntarista.

¿Cómo superamos la macla? Siendo fieles a la persona. Muchas veces los personalistas no se toman en serio lo que dicen; dicen que la persona es única e irrepetible, y a continuación llenan a la persona de notas que son comunes a todos los seres humanos, y que no tienen nada de únicos e irrepetibles: inteligencia, voluntad, afectividad, corporeidad, caracter sexuado… nada de esto tiene el carácter de ser único e irrepetible, al grado que se pueden establecer tipologías de inteligencias, de voluntad, sexuales, de carácter. Todo aquello que tenemos en común los seres humanos pertenece al ámbito de la naturaleza, que es algo distinto de la persona. (Esta distinción entre persona y naturaleza es algo que está estrechamente vinculado al origen del término de persona. En la patrística creo que se la debemos al Damasceno, y se ha aplicado para referir que Dios tiene una naturaleza pero es tres personas; o que Cristo es una persona pero tiene 2 naturalezas: humana y divina; durante la edad media se mantiene a nivel teológico aunque al expresarla en el lenguaje filosófico escolástico pierde su radicalidad. La modernidad la olvida. Se puede encontrar algo de esto en autores como Scheler, Guardini, Leonardo Polo; Marcel la barrunta en algunos textos, pero no logra tematizarla por insuficiencia metódica. Muchos autores contemporáneos han optado por una visión holística de la persona). La persona es acto, es el acto de ser que cada quien es. Somos seres humanos porque tenemos una dotación común, que podemos llamar naturaleza; pero a la vez somos personas distintas una de otra. La persona es acto de ser; pero no hay que considerar el acto de ser como algo estático, eso sería confundirlo con un objeto pensado.

El acto de ser es activo; pero esa actividad no pude ser contradictoria; porque significaría recaer en la macla. La actividad del ser no comporta cambio. Identificar actividad y cambio, es un límite que introduce el conocimiento objetivo; el cual al intentar entender la actividad mediante un objeto estático, introduce una serie de objetos para suponer la actividad, con lo cual la actividad deviene en proceso, en cambio. La actividad del ser es persistir en su existencia, es no cesar de ser.

En el caso del ser personal, su actividad no se puede agotar en persistir. La persona es además del ser del universo; por eso lo propio de la persona es coexistir. Coexistir no es existir de modo yuxtapuesto, como la mónadas; sino es apertura hacia el ser. La persona se abre hacia dentro, tiene intimidad. La persona se abre hacia afuera, hacia el ser del universo y hacia otro ser personal; la persona se abre hacia su propia naturaleza y dispone de ella. Respecto a esto último, tiene razón Juan Carlos cuando detecta que lo propio de la persona es personalizar; pero no lleva razón cuando lo interpreta como personalizarse. Lo que la persona personaliza es su naturaleza, la hace crecer, la asume personalmente, constituye entonces su personalidad (yo). El crecimiento de la esencia humana es primariamente ético.

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Una última cosa ya no sobre la persona sino sobre la filosofía. Dice casi al final Juan Carlos: “aprendió de (..) Landsberg, su “maestro” en entender qué era eso del compromiso, alguien extraordinariamente riguroso que también entendía de las urgencias, que prefirió la inestabilidad al quietismo.” Lo contrario de inestabilidad es estabilidad, y lo contrario de quietismo podría ser dinamismo. No son conceptos contrarios, una bicicleta es estable en movimiento e inestable cuando está quieta. Si alguien apremiado por las urgencias del compromiso se creyó obligado a tener que elegir entre la inestabilidad y el quietismo; se vió enfrentado a un dilema falso. Si algún día me veo en la situación de estar en un quirófano por alguna dolencia grave, urgente; quiera Dios que me atienda un cirujano comprometido con curarme, activo, dinámico, y no aletargado, quietista; pero por nada del mundo deseo que sea una persona inestable ni emocional, ni intelectualmente, y mucho menos en el pulso.

N.B: No soy filósofo, soy profesor de filosofía, que es distinto y no es falsa modestia. Llo que he escrito se nutre de mis lecturas, sobre todo de Leonardo Polo, San Agustín, Tomás de Aquino y los personalistas; pero no me atrevo a decir que es así como piensan porque sabrá Dios hasta qué punto los he etendido o malentendido.