Patrones adquiridos

Esta mañana me he encontrado con este acertijo, dilema o como queramos llamarle.

Al escuchar el “acertijo” me he preguntado:

¿Qué problema moral le surge a esta cirujana para no operar a su hijo?

Cuando he visto las reacciones de la gente que aparece, no daba crédito. A medida que he ido conociendo las respuestas de gente que conozco, me he tenido que preguntar:

¿Tan raro soy?

Mi educación fue la de cualquier españolito que cumplía 18 años en 1981. Quizás la única pista que encuentro fue la frustración que sentí al escuchar, cuando tenía 16, a mis padres asegurar que si hubiera sido chica hubiera sido diferente mi educación.

Y eso no significa que no esté lleno de tics heteropatriarcales. También es cierto que no me encuentro completamente a gusto en ninguna organización, escuela filosófica o metodología pedagógica; siempre encuentro aquellos puntos que me chirrían y me siento parcialmente fuera:

En el pórtico de la Iglesia, en los márgenes de la política, heterodoxo de las alternativas; quizás es un exceso de purismo, o de criticismo, o de inadaptación.

O que soy un discutidor, o la encarnación del Enanito Gruñón. O un metaadolescente, y por eso me encuentro tan a gusto entre ellas y ellos. Sea lo que sea, es cansado sentir la necesidad de decirle a los demás, con los que comparto Weltanschauung, lo que no comparto con ellos, de manera irrefrenable, imposible de contener, como si me fuera la vida en ello.

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