Hasta el infinito y… no sabemos más

Hablar del infinito ha sido siempre algo bastante más complejo de lo que se piensa, ya que no está entre nuestras capacidades concebir el infinito. Aunque sí podemos saber lo que no es, y podemos utilizar y concebir el concepto de infinito, que no es lo mismo.

Y claro, no es lo mismo hablar de infinito en las matemáticas o la física, que en la metafísica. Para la primera el infinito es un límite, indefinido, pero punto de referencia “donde” situar lo impreciso, lo indeterminado; los números reales tienen el infinito por ambos lados de su recorrido, y en su extensión, aparece en la geometría, y por tanto en la física generando problemas que se han ido resolviendo.

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Lemniscata

El espacio puede ser infinito, los números pueden ser infinitos, dicho vulgarmente siempre podemos concebir la posibilidad de que siempre haya algo más allá. El problema surge con el tiempo, y si los griegos se cuestionaban sobre el infinito, no lo hacían en su sentido temporal. Las cosas tienen un principio y un final; de hecho Aristóteles no pensaba que Dios tuviera la propiedad de la infinitud. Y en la actualidad, la famosa teoría del Big Bang requería suponer que hubo un principio, aunque no tuviera un final. Pero, ¿y si no lo tuvo?¿ Y si ha habido una sucesión infinita de big bangs con avance y retroceso?

Es ahí donde el infinito se convierte más en un problema metafísico que físico o matemático. Es parte de las preguntas esenciales, ya que la experiencia nos indica que no es razonable la idea de infinito, ciertamente podríamos recoger la idea de límite en matemáticas, como tendencia hacia, como punto al que nunca se llega pero nos dirigimos hacia él, para entender como funciona nuestra mente ante esta situaciones.

El infinito nos parece un abismo, pero en cambio la idea de acercarnos hacia él, pero nunca llegar nos permite seguir afrontando las cosas con mayor tranquilidad, mientras el infinito sigue ahí como no-fin. Infinitud de los números, del espacio, del tiempo, son cuestiones todas bien distintas, y no debemos dejar de pensar en ellas, ya que perdernos en esas elucubraciones nos lleva a realizar los mismos procesos que tuvieron que realizar nuestros antepasados hace decenas de miles de años al preguntarse por lo mismo, lo que les llevó a pensar. El mejor y más saludable de los ejercicios.

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Qué nos hace seres humanos?

Los avances tecnocientíficos nos han traído el genoma humano para que se convierta en la clave para determinar la clave determinante para resolver la pregunta inicial: tener una determinada combinación.

Pero como suele pasar con la ciencia, esta tesis rápidamente se convertirá en obsoleta por nuevos descubrimientos. Y además no responde a cuestiones fundamentales:

  1. Cómo se produjo el cambio entre las x especies y lo que hoy somos a nivel genético, que provocara la aparición de un lenguaje como el nuestro, un desarrollo cognitivo como el nuestro.
  2. Qué abandonamos en el proceso del cambio para convertirnos en lo que somos
  3. Qué seremos cuando dentro de un tiempo se produzcan inevitables cambios genéticos en nuestra especie

Los descubrimientos sobre nuestros orígenes y ancestros suponen una muestra tan reducida, que sacar continuamente conclusiones se ha convertido en una costumbre. En los 35 años que puedo contemplar hacia atrás en mi historia personal las transformaciones en las “teorías” sobre nuestros orígenes han sido brutales, qué decir si incluyera 2 generaciones hacia atrás.

La prudencia en ciencia no es frecuente si hablamos de responder a nuestro origen y creo que es porque el ansia de sustituir las respuestas mitologico-religiosas ha superado al propio interés del método científico. Así que debe ser labor de la Antropología y la Filosofía combinadas responder a estas preguntas yendo más allá del mero hecho contrastable.

De dioses y humanos: universo Marvel 1ª parte

El gran mito de la Modernidad, ese periodo que coincide con lo que se ha llamado Época de las Luces, la Ilustración, es el de que la Ciencia podría hacernos libres y absolutos conocedores del Universo, y por tanto dotados de un poder cada vez mayor. El ser humano contínuamente enfrentado a esa imagen de los dioses griegos, tan cercanos que podíamos tocarlos e incluso mezclarnos con ellas y ellos, pero a la vez con unos poderes infinitos.

Así, el siglo XX, con sus miedos a la destrucción total y a los enemigos que surjen tras cada esquina, introdujo esa situación en sus comics y Marvel apostó por la Ciencia como gran aliada y a la vez potencialmente enemiga. En el camino de darnos héroes que admirar se introdujo una variada colección de personas (hombres la gran mayoría) que o bien resultaban potenciados accidental (Spiderman, Ant-Man) o interesadamente (Hulk), pero que ponían sus poderes al servicio de la gente frente al mal, encarnado en similares malvados, que intencionada o accidentalmente adquirían unos poderes, siempre provenientes de investigaciones científicas.

Los dos personajes que se salen de esa norma son Iron Man y Thor. El primero porque es un hombre potenciado tecnológicamente, es el resultado de un corazón biónico y una armadura como si fuera un Mazinger Z tamaño natural. El segundo es un Dios, de una cultura que tradicionalmente ha generado mucho interés en la cultura anglosajona, la nórdica. Ambos van a servir de contrapunto al personaje estandarte de Marvel, Capitán América.

Este soldado enclenque es convertido en un superhombre dotado de múltiples poderes que le permiten cumplir su misión; luchar por el mundo libre contra los malvados que pretenden sojuzgarlo. Es un Prometeo moderno, que ha adquirido no solo los colores del país cuyos valores encarna, sino los poderes que tanto deseaban los humanos de la Grecia antigua ante sus dioses; unos poderes que les permitieran el asalto al Olimpo. Igual que Nietzsche declaró la muerte de Dios, Marvel se encargó de presentarnos que era posible para la humanidad sustituir a aquel gracias a la Ciencia, y un poco de ayuda de la magia robada a los mismos dioses.

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