Pensamientos sobre el Holocausto

La asignación del término “holocausto” remite directamente a un hecho concreto definido dentro de la cultura judía y que tiene que cumplir unas condiciones específicas. Se trata de un sacrificio que termina en la quema del animal objeto de sacrificio, aunque los propios judíos hablan de Shoa, catástrofe, para referirse a este acontecimiento. Lo que no cabe duda es que nos remite directamente a un hecho relacionado con los judíos (ya que incluso con mayúscula, como nombre propio, se refiere a ello según la mayor parte de los diccionarios e idiomas), lo que aplicado a lo ocurrido en Europa durante los terribles años del nazismo reduce el amplísimo espectro que tuvo el plan nazi de limpieza. Incluso podemos decir sin temor a equivocarnos que no se trataba sólo de una cuestión étnica, sino ideológica y también de elecciones de vida.
Lo que es innegable es que la focalización sobre los judíos fue un hecho, pero eso podía tener su causa en algo que estuviera más allá de las monomanías de Hitler o Goebles con respecto al poder (y por tanto peligro para quien quiere el poder omnímodo e incuestionable) de los judíos como grupo, como “lobby” diríamos hoy. Tampoco esto puede negarse; el sionismo ha actuado como ideología, basada en la pertenencia étnica pero también social a un grupo de poder muy bien establecido y con gran expansión en el mundo occidental, incluida Rusia, y que pretende hacer de la causa judía una ideología dominante, mucho antes del Holocausto. Pero quien desea ostentar el poder de forma que no sea puesto en duda, debe ejercer un terror sin sentido como muy bien comprendieron los miembros de las organizaciones encargadas de asegurarse de ello bajo el gobierno nazi, y que tan bien entendieron por enseñanza directa los militares españoles que allí fueron destinados, y de forma indirecta los organismos de control de la entonces URSS.
Controlar como se debe pensar, como debemos relacionarnos, con quien es bueno hacerlo y con quien no, es un ataque directo a la libertad de acción personal que se encuentra en las antípodas no sólo de la modernidad sino de la concepción del respeto a la persona. Para ello se debía reducir al mínimo las posibilidades de elección política (y por tanto se debían eliminar aquellas que fueran un obstáculo); se debían limitar las opciones religiosas, étnicas, morales y sexuales que permitieran diversidad, que aceptaran lo diferente; se debían reducir al mínimo los grupos de poder económico que pudieran ejercer un control alternativo al que pretendía imponerse. A esos tres tipos de control pertenecían los judíos de una u otra forma, de manera que eran un objetivo clave, pero no el único. Marxistas, anarquistas, gitanos, negros, eslavos, homosexuales, discapacitados, judíos…. y todos aquellos que de una manera u otra admitieran ayudarlos o mezclarse con ellos fueron el objetivo del frío y calculado exterminio durante casi una década. Nadie antes había llegado tan lejos, pero la conjunción de individualismo, pragmatismo y efectividad mecanicista derivadas del pensamiento ilustrado y del mercantilismo permitieron que se llegara a ello.
Así las cosas, creo que ha llegado el momento de poner en claro la diversidad mucho mayor de lo aceptado del objetivo de esta gran obra de ingeniería social moderna que fue el exterminio durante los años 30 y 40, que no sólo recorrió Europa sino el mundo entero. Un exterminio de magnitudes mucho más grandes y espantosas de lo que estamos acostumbrados a escuchar y aceptar, y que la propia propaganda de quienes lo permitieron ha alentado durante decenios. Todas las guerras que se produjeron desde finales de la década de los 20 y 30 en Europa, en los Balcanes y España principalmente; el comienzo del exterminio en la URSS durante los 30; el exterminio chino por parte de los japoneses durante década y media, ampliada al resto del sureste asiático con la guerra; el exterminio judío, gitano, ideológico y homosexual en Alemania, la URSS y toda la Europa ocupada y controlada durante la guerra; las bombas atómicas sobre Japón (que no sobre Alemania). Durante decenios se ha seguido utilizando un exterminio de “baja intensidad” en los países de órbita soviética y en los de influencia norteamericana o europea (Latinoamérica, Asia y África). ¿Podríamos visualizar los muertos y/o torturados sobrevivientes de todo esto que acabo de nombrar? Ese es el exterminio, un exterminio contra la persona, contra el ser humano que busca ser libre para construirse como persona, independientemente de su etnia, credo o ideología política, no sólo contra los judíos.
Es difícil hablar de la muerte de millones sin sentido sin caer en riesgos que puedan ser luego tomados en cuenta, pero creo que empieza a llegar el momento de dar un giro radical al tratamiento del tema, ya que sigue siendo colateral el hecho de que se organizara el exterminio de millones de personas, a que se hiciera contra un grupo determinado por su pertenencia a una procedencia cultural determinada.
La razón que marca este texto proviene de la reciente conmemoración del Holocausto en Auschwitz que además coincide con la llegada a nuestro país de la película francesa “La redada”, y parte de la utilización continuada del término “holocausto”. Y de que estoy de regreso de París, donde me he detenido unos segundos frente a un ramo de flores frescas colgado del muro del Lycée Jean-Lurçat del distrito 13, en la calle Jeanne d’Arc, donde se conmemora a los 120 niños y niñas que estudiaban allí y vivían en ese distrito, aquella noche del 16 de julio de 1942 en la que se procedió a la mayor redada conocida de nuestra historia reciente. Todos eran judíos. Todos eran franceses. Todas eran personas. Aunque de grandes redadas nuestro país se adelantó a los nazis, ya que Fernando VI y el Marqués de la Ensenada llevaron a cabo “la gran redada” el 30 de julio de 1749, donde de forma coordinada se detuvo a cerca de 12000 gitanos con el objetivo declarado por el “buen marqués” de ser exterminada aquella generación.
¿Me coloca esto en el lado de los negacionistas? Pues podría ser que sí, al menos para muchos. Pero negacionistas son los que insisten en negar un exterminio concebido, planificado y estudiado que desde finales de los años 20 del siglo pasado se ha venido ejerciendo contra la humanidad. Exterminio fue la esclavitud africana durante dos siglos; planificada, estudiada y concebida por Europa para su beneficio económico del que aún hoy nos beneficiamos. El sionismo es hoy parte del mismo poder que en los 30 planificó incluirles en el exterminio, y no tiene que ver con el credo o etnia de quienes lo profesan, que pueden ser judíos, como también lo eran quienes adoraban al becerro de oro al descender Moisés del Sinaí. No debemos olvidar el dolor causado, pero no sólo a los judíos, sino a toda la humanidad por parte de unos pocos que aún siguen controlando el mundo. Nos creímos la idea que antes era conspiranoica del holocausto después de ver los hornos crematorios, pero una buena propaganda hizo olvidar el resto, o sólo resaltar lo que podía interesar de ello, convirtiéndolo en la Shoa. Los árboles no nos han dejado ver el bosque; unos árboles bien preparados para su fin.
Sólo el hambre puede sobrepasar lo que significó este exterminio entre 1925 y 1995. ¿Alguien me puede asegurar que no se trata de un nuevo plan de exterminio? ¿Alguien quiere arriesgarse a sumar las víctimas (muertos y supervivientes) de esos 70 años, sin temor al vértigo del horror? Mientras no hablemos de todas las personas que sucumbieron pensaré que estamos frente a una perfecta operación de maquillaje que borró los rostros y las vidas de todos los que no eran judíos y judías.
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Jeanne d’Arc, ¿un símbolo de "derechas"?

Han sido más de 300 días sin escribir en este blog. Se me acabaron las palabras, agotadas o reducidas a su mínima expresión, apenas oral. Pero no iba a durar para siempre, ¿no?.

Y vuelvo aprovechando el 600 aniversario del nacimiento de esta muchacha que ha hecho correr ríos de tinta, en Francia y fuera de ella. El personaje me atraía, pero cuando me encontré con la atracción de Péguy por ella, he prestado más atención a los detalles, y hoy necesito detenerme en como ha llegado a ser un icono de los elementos más reaccionarios y nacionalexcluyentes de Francia, provocando el rechazo en el resto por reacción. Curiosamente comparte ese problema con Péguy, quizás por razones parecidas. Un icono que posiblemente tenga dos facetas, y quizás por eso mi querido Péguy escribió dos obras con el mismo título y tema; contar lo que había sucedido desde las visiones en Domremy, hasta la pira.

La razón aparente más clara para responder es que reúne dos cuestiones que han sido típicamente de derechas; Jeanne era cristiana y francesa de manera ferviente. En cuanto a ser cristiana muchos no dudarán en dar por zanjado que entonces le corresponde ser un símbolo de lo más rancio, o bien la consideren “suya” por representar unos valores arraigados desde el nacimiento de Europa. Ambos se equivocan, pues el cristianismo que planteaba Jeanne, como el de Péguy, es un cristianismo de acogida, donde la Esperanza lleva en volandas una Caridad que es Amor, donde Dios es el padre del hijo pródigo, un Dios del perdón y la misericordia, y por tanto no caben la acumulación, el desprecio o la injusticia.

En cuanto a ser francesa; la defensa de la propia cultura no es algo propio de derechas, y menos si se hace contra el opresor del tipo que sea. En mi juventud aún se significaban las izquierdas por ser anti norteamericanas, porque eso era signo de anti imperialismo. Jeanne se enfrenta a los ingleses, imperialistas del momento; Péguy era anti alemán, imperialistas de la época. Ninguno tenía nada contra lo inglés o lo alemán, sino contra la actitud agresiva. Ser anti es una respuesta de un momento concreto. En consecuencia, su reafirmación nacional se hacía como forma de defensa y no era excluyente.

Así pues, abanderar movimientos nacionalistas excluyentes, conservadores, con figuras como Jeanne es un absurdo. En realidad, cualquier uso de su imagen sería simplificador si se pretendiera abanderar una ideología o postura. Eso, lo único que consigue es que ese bosque no nos permita entender lo que nos quería decir y lo que podemos concluir de sus acciones.

Del dolor a la rabia

Hace días que leo las glorias de la “revolución”, “la ola de cambio árabe”, … Hace días que no consigo dormir en paz, y eso me recuerda a los días de enero de 1991 previos a la primera Guerra del Golfo. Eran días de miedo; estábamos embarazados de 3 meses y la invasión anunciada nos hizo temer lo peor del mundo en que vivíamos. Sadam Hussein se había convertido de guardián en demonio y se le iba a castigar. Todo quedó en un castigo al pueblo iraquí y una advertencia a Sadam, pero en Europa comenzaron los despidos por la crisis, y a mí se me ofreció un despido ventajoso en la línea aérea donde trabajaba. El 14 de febrero estaba en paro. En lo personal fue bueno pues nos permitió comenzar a poner en marcha nuestra vida a nuestro ritmo, pero en realidad nos habían hecho creer algo para luego hacernos comulgar con ruedas de molino.

La segunda Guerra del Golfo fue un poco más enrevesada y controvertida que la primera, y tuvo una gran respuesta mundial. Decenas, sino cientos de millones de personas a lo largo del mundo se manifestaron durante días para acabar con la guerra. Era gente sencilla, de todas las ideologías que no querían aquella guerra absurda de razones burdamente tejidas. Pero no se consiguió absolutamente nada, nada de nada. Ninguno de los países intervinientes modificó ni un ápice su intervención en aquel conflicto a pesar de la respuesta social que tuvo. Y las concentraciones se convocaban por los medios tradicionales, teniendo mucho más éxito de lo que cabía esperar en un primer momento; las redes sociales por internet aún no tenían la influencia que hoy han alcanzado.

Pero la verdad, es que fue una verdadera chapuza por parte de USA y sus aliados, todo el proceso de desprestigio de Sadam, su forzada relación con Bin laden y con las armas de destrucción masiva.

Ahora había que hacerlo mejor.

Sólo quedaba una zona de las principales con reservas de crudo y agua potable que no estuvieran “a buen recaudo”, bien controladitas por Occidente. Libia. Había que destruir a este país a toda costa, y lo están consiguiendo, pero esta vez no sólo con el placet de los conservadores del mundo, sino con el de los bienpensantes, las izquierdas, los movimientos sociales y las ONG. Nos hemos tragado que en 2 semanas se puede derribar a dictadores sin escrúpulos y que además lo llevan a cabo movimientos sociales espontáneos convocados por facebook y twitter; unas pocas decenas de miles han sido capaces de doblegar a dictadores corruptos en 3 días, para conseguir promesas de cambios, y con un par de días más su salida a hurtadillas del país. Y no sólo eso, sino que les hemos generado tal disgusto que han caído en coma repentinamente.

Libia se convertirá en dos países controlados por occidente, que se plegarán a los controles en la producción y venta de crudo; Egipto va a ser mucho más dócil a los controles de las fronteras palestinas;….

Gran Hermano acabó en Tele5, pero se extendió a todas las cadenas. Pero esta vez con un público inesperado de demócratas acomodados.

Ya no siento el dolor… pero la rabia crece y crece de la impotencia ante tanta estupidez democráticamente consentida.

Un dolor incontenible y una duda aciaga

Desde hace días que me duele el corazón. Me duele cada vez que pienso en mis amigos de Libia, y lo que pueda estar sucediendo allí.

Todos habéis podido leer las cosas que he dicho tras mi viaje a Libia en julio pasado, ya que durante los meses siguientes estuve contando mis impresiones sobre ese país, su gente y sus circunstancias, así como mis impresiones sobre la Jamahiri, la República de las Masas, nombre que la Revolución liderada por Gadaffi da al país tal como se le entiende hoy. Y seguramente os estaréis preguntando como es posible que esa imágen haya derivado en lo que hoy estamos escuchando sobre ese país y su gente.

Yo también me lo pregunto, incesantemente, porque no dejo de preguntarme si vi un espejismo.
Pero repaso cada día de los que estuve allí, cada paseo, cada ida y venida de un sitio a otro, de día y de noche, incluso de madrugada, por el centro y en las afueras de Trípoli; las salidas a las ciudades de la zona con ruinas, y por lo tanto atracción turística. Sigo sin ver policía que me resultara más de la que se puede ver en cualquier ciudad española; sólo vi soldados a las puertas de un cuartel en Trípoli, su lugar habitual en cualquier país. La gente no parecía ni feliz ni infeliz, era como si todo fluyera de forma natural; las compras en el mercado, la gente en las plazas, la concentración de gente en la Plaza Verde, tendida en el cesped, disfrutando de la caída del sol; la gente en la playa por la noche… Viajé en el avión de ida con el hermano de uno de los trabajadores españoles que posiblemente ahora se está repatriando, que refería normalidad, progreso según su punto de vista de médico residente en USA.

Nada de eso parecía presagiar la tensión que desemboca en la muerte y el fratricidio siete meses después. Y no me cabe duda de que están pasando cosas graves, porque aunque la web de la Academia de Pensamiento funciona, no contestan a mis mails y tampoco al móvil. Pero tampoco me cabe duda de que algo que no es como me lo cuentan se está desarrollando en el Maghreb en el último mes. La caída del muro fue algo que sucedió un día concreto, pero la cosa llevaba años fraguándose, con la llegada de la Perestroika, con Gorbachov, con la puesta en cuestión de todos los líderes comunistas… Pero esto ha pasado de la noche a la mañana. En un mes está a punto de cambiar todo el esquema geoestratégico de una de las zonas más complicadas del mundo, con grandes implicaciones en el gas, el pretroleo, el agua, la inmigración, la frontera con Israel,…

Libia me duele, pero el conjunto me aterra. De la inicial alegría por lo que podía ser una revolución social,… a la incertidumbre.

Un abogado del estado mal filósofo

Hace unos minutos ha aparecido otra perla de la justicia española en ese diario que no quería volver a citar, pero… El abogado del estado niega…

Bueno, pues en la susodicha noticia el abogado del estado se permite una licencia filosófica, que al menos nos faculta para saber que de filosofía no tiene ni idea, o que la que tiene proviene de unas leves lecturas desde el derecho, en esos pesados textos donde encontrar sensatez es labor de santos vocacionales (no os enfadéis mis doctos lectores en leyes).

Ahora resulta que ante la (por cierto, también ligera) acusación al estado de relativismo moral, el letrado estatal tiene la ocurrencia de reafirmarse en la ligereza, y considerar al estado como relativista universal, a la democracia como hija del relativismo y propuesta suya, y dotar de un nombre más al relativismo, denominándolo pluralismo ideológico.

Quizás en alguna conversación de café o cerveza usó o escuchó la palabra relativismo asociada a multiplicidad, cosa que suele pasar con frecuencia, y en su absoluta estulticia quiso aplicarla a un caso de los que tiene el encargo del estado, o sea de todos nosotros, inconscientes, de tratar ante los más altos tribunales. Pero quizás este señor no sepa que si él es relativista, o si este estado lo es, o actúa como tal, es porque la posmodernidad, hija putativa de la pérfida Modernidad, es la ideología imperante. Por que la posmodernidad asentó la ligereza de valores, el hastío por las virtudes, el desprecio por los deberes, el egoísmo de los derechos y la prevalencia de la tolerancia como forma de entender el mundo. Así es fácil juzgar y sentenciar que los padres y madres no son quienes reciben del estado, por un lado la libertad de decidir en el proceso educativo de los hijos, y por otro, simultáneo, la obligación de llevar a cabo dicho proceso. Y que el estado tiene la obligación por su parte de garantizar que todo ello se realice y sea dentro de los límites que el estado, o sea todos como pueblo soberano, nos hemos dado. Esto es democracia, que es objetiva en cuanto a los derechos y a la prevalencia de ese marco general que es la Declaración, y nunca relativa. Y por el hecho de ser democrática se entiende abierta a la pluralidad ideológica, y no al revés.

Pero claro, también es cierto que quienes acusan de relativismo moral al estado, no se dan cuenta de que su consideración de que el estado está sólo para salvaguardar nuestros derechos, basados estos en la propiedad privada y las prácticas religiosas, están actuando dentro de unas pautas fuera de lo establecido por el marco constitucional y democrático, y con criterios neoconservadores, dignos para-lelos (el guión es forzado) de la posmodernidad.

No le voy a recomendar al abogado del estado que comience una carrera de filosofía, ya que posiblemente saldría mucho peor de lo que está, pero sería bueno que supiera utilizar correctamente los términos, y ser más claro en sus consideraciones.

Matthew Lipman ha muerto

Esta es la nota de prensa que ha emitido la IAPC. El mundo del pensamiento y de la Filosofía para Niños está de luto, pero debemos alegrarnos de todo lo que este hombre legó a la historia del pensamiento y a la actividad más preciada; pensar y ayudar a los demás a hacerlo.

Dr. Matthew Lipman, creator of the Philosophy for Children movement and Professor Emeritus of Montclair State University, passed away on December 26, 2010 at his residence in the Green Hill Retirement Community in West Orange, New Jersey. Lipman was born August 24, 1923 in Vineland, New Jersey. He served in the U.S. Infantry from 1943 1946 in France and Germany, and was awarded two bronze stars during the Second World War. His experiences helping to liberate concentration camps in Germany is recounted in his autobiography, A Life Teaching Thinking.
Lipman studied at Stanford, Columbia, the Sorbonne in Paris and the University of Austria, earning his Ph.D. in philosophy from the University of Columbia in 1954. His dissertation, later published as What Happens in Art (1967) drew on the work of John Dewey, with whom Lipman conversed, and who complimented the dissertation. Lipman became a Professor of Philosophy at Columbia and chaired the Department of General Education at Columbia in the 1950’s and 1960’s, during which time he also taught at Sarah Lawrence College and the City College of New York.
Lipman’s experiences teaching philosophy to college students and adult education students, and witnessing the political upheaval that took place on university campuses around the country in the 1960s, convinced him that learning to think critically, to inquire about philosophical questions and to form reasonable judgments should begin much earlier. In 1969, with the support of the National Endowment for the Humanities, he began writing his first philosophical novel for children, Harry Stottlemeier’s Discovery, which was piloted in public schools in Montclair, New Jersey. In 1972 Lipman left Columbia for Montclair State College to further develop his ideas of what came to be known as “Philosophy for Children.” In 1974 he established the Institute for the Advancement of Philosophy for Children (IAPC) with co-founder Ann Margaret Sharp, and for the next three decades, Lipman became a national and a world leader in the fields of critical thinking, pre-college philosophy and educational reform.
Philosophy for Children became nation-wide movement, with workshops organized in every state through the National Diffusion Network of the Department of Education. The movement also spread around the world, with local and national organizations in over forty countries, and regional associations in Europe, Latin America and Australasia. Lipman’s curriculum has been translated into dozens of languages, and in 1985 the International Council for Philosophical Inquiry with Children was founded in Copenhagen.
Lipman’s academic career involved teaching courses in philosophy and education, writing the world’s first systematic pre-college philosophy curriculum, creating masters and doctoral programs in Philosophy for Children, conducting empirical research on children’s thinking and philosophical inquiry, founding the journal Thinking, conducting conferences and professional development workshops, acquiring research grants, and writing scores of books and journal articles. He retired from Montclair State in 2001 but remained an active scholar, publishing numerous articles and interviews, and writing his autobiography, which was published in 2008
In 1952 Lipman married Wynona Moore (1932-1999), the first African-American woman to be elected to the New Jersey Senate (1971) and the Senate’s longest-serving member at the time of her death in 1999. The Lipmans had two children, Will, who died in 1984, and Karen, who lives in Georgia. In 1974, Dr. Lipman married Theresa Smith, who passed away in 2006.
A viewing will be held on Monday, January 3, 2011 from 5:00 to 7:00 PM and a funeral service will take place on Tuesday, January 4th, at 10:00 AM at the Hugh M. Moriarty Funeral Home, 76 Park St., Montclair, NJ. In lieu of flowers donations can be made to the Institute for the Advancement of Philosophy for Children through the Montclair State University Foundation. Contact Joe Oyler at oylerj@mail.montclair.edu

El estado miente, la prensa miente.

Parece una afirmación excesivamente tajante y proveniente de un anti sistema… pues será verdad. Es cierto que yo no me dedico a quemar coches o a lanzar piedras, pero intento ser tajante y desde luego estoy contra el sistema imperante hoy.

Es vergonzante que usemos dobles raseros continuamente, y según nos interese confiemos en alguien o no, o bien nos consideremos una cosa o la otra. Me ha dejado de piedra la manera en que la prensa y el estado han desdeñado el último comunicado de ETA, considerándolo vacío, no concluyente, absurdo, más de lo mismo, y una larga serie de descalificaciones más encaminadas obviamente a mantener el status quo actual, que a intentar dar una solución al problema que se vive en Euskadi. La razón; su palabra no tiene valor y las pruebas inconsistentes, igual que la palabra de todos los que demandan una solución.

Pero la cosa cambia si lo que dicen interesa en algún sentido. Ahí la palabra de un asesino cobra un valor extraordinario y permite descalificar no sólo a un presidente sino a un país entero. En ese momento se vuelven inapelables las pruebas y consistentes las palabras. Aunque estas sean vertidas en interrogatorios, tienen la confiabilidad que les otorga la justicia (en minúsculas, obviamente).

¿Como es posible este doble rasero? Pues será por el interés. Ahora se nos olvida que nuestro estado estuvo implicado en la organización de un golpe de estado contra ese mismo país; que fuera otro gobierno y de otro partido no exime de responsabilidades, ¿no? De eso ya no queremos acordarnos. Tampoco queremos mirar hacia la venta de armas. Somos uno de los países que más se enriquece con el nefasto negocio de la fabricación y venta de armamento, pero rechazamos la violencia terrorista… que utiliza armas, que no existirían si no las fabricáramos.

Por cierto, también el estado venezolano miente y está interesado, no vayan ahora a llamarme chavista. Aunque dará igual, le darán la vuelta al argumento. Me ha pasado recientemente en el blog de una amiga, hablando de educación en casa, donde una persona cuasi anónima se ha permitido criticar mi Fe considerándola inconsistente… ya que me presentaba como cristiano que ha apostasiado de la institución religiosa llamada Iglesia Católica. En fin, que suelo terminar arrastrado por el lodo… como en el tango.

Libia no está en los medios

Es sorprendente como conseguimos que los países “existan” o no por el simple hecho de aparecer o no en los medios. Sucede también con las personas, o más bien con los personajes, diferencia nada desdeñable entre las dos formas de entender el “prosopon” griego.

Y en el caso de los países, en una época en que la información sale por debajo de cada tecla a raudales, no deja de admirarme que sean apenas un 10% de los países del planeta los que son referidos y noticiables. Y en ese porcentaje no está Libia, como tampoco ninguno de África, excepción hecha de Marruecos, y de Sudáfrica durante el Mundial de fútbol pasado.

En realidad sólo recibió una mención cuando recientemente Gadhafi visitó Italia. Aquí solo se mencionó el que invitaba a unas mujeres a un seminario sobre el Islam, y que éstas habían sido seleccionadas por una empresa de modelos. Nada de lo que hiciera o negociara con Berlusconi tuvo su eco, aunque hace un par de días se habló un poco sobre el banco italiano Unicredit, del que es socio mayoritario Libia. Detengámonos un momento sobre esto. Cuando decimos “Libia”, nos estamos refiriendo implícitamente al estado libio. Normalmente, en eso que llamamos “mundo civilizado”, el estado es un ente abstracto, del que todos formamos parte, y del que nos beneficiamos indirectamente a través de los servicios que nos presta, o mejor dicho, que nos devuelve a cambio de los impuestos. Pero hay mucho de lo que hace el estado de lo que no somos conscientes, como por ejemplo ser parte en empresas, bancos, y todo tipo de actividades lucrativas. En el caso libio deberíamos decir más exactamente que quien es socio de Unicredit es el pueblo libio, cada uno de sus habitantes. De la misma manera que el muy lucrativo negocio de la explotación pretrolífera por parte del estado libio, reporta beneficios que se reparten efectivamente (como ya he mencionado en artículos anteriores), de la misma manera su presencia en Unicredit les reporta beneficios a cada uno de ellos, ya que a través de ese banco se garantizan los fondos para las explotaciones petrolíferas.

Estos pequeños detalles que se soslayan a la hora de informar, tienen unas consecuencias directas en nuestra forma de asumir aquello de lo que somos informados. Y sobretodo, crea opinión. En el caso de Libia, existe una asociación directa en occidente entre el nombre del país y el de Gadhafi. En consecuencia lo que se asume por parte del informado es que Gadhafi es el que se beneficia de su presencia en Unicredit. Eso mismo me sucede a mí desde que regresé de Libia; todo aquel al que le explico mi relación con la Academia de Pensamiento Libio, me hace saber su opinión sobre el peligro que tiene el que se me relacione con Gadhafi, o bien me indica que estoy trabajando para él.

Quizás lo que suceda es que he tenido contacto directo con las personas que forman la Academia, he estado en el país, y ahora tengo un criterio que me permite discernir mejor como se desarrollan las cosas en un determinado lugar. A mí me ha servido para relativizar aún más lo que entendemos en occidente por “civilizado”, “democrático” o “progresista”. Me ha confirmado en la idea de que en todas partes “cuecen habas”, también aquí, bajo nuestras propias papilas olfativas, y que no podemos disfrutar con las pajas ajenas, dejando en el aire (con el peligro que ello supone) las vigas propias. Deberíamos preocuparnos por conocer algo de lo que le sucede al resto de la humanidad, para poder empatizar mejor con sus problemas que son ineludiblemente los nuestros.

Publicado en EuromundoGlobal

Paseando por Trípoli

El turista es un paseante nato, lo que sucede es que hay paseantes que pasan y otros que observan. Yo prefiero encuadrarme entre estos últimos. Miro a la gente, miro las tiendas, los precios; lo que se ofrece y lo que no en comparación con otros países y con el mío. Como se relaciona la gente por la calle, como circulan lo coches, y las diferencias comparativas de formas de vida entre los diversos lugares que conozco. Y eso tuve oportunidad de hacerlo en Trípoli y compararlo con otras ciudades de Marruecos, Senegal, Ecuador, Francia o España.

Lo primero que saltó a mi vista fue una ausencia. Hay pocas ciudades en el mundo donde no encuentres niños y niñas pidiendo por la calle, o madres con sus hijos a cuestas, o ancianos o personas con alguna discapacidad. En los siete días que estuve, en los que recorrí todo el centro de Trípoli, paseé por la Medina Kadima, y visité varios barrios, no vi más que a un anciano ciego que pedía limosna en la Medina el viernes. No es algo habitual no encontrarse con la pobreza de golpe, y aunque la Medina, en sus calles más interiores, se encontraba en unas condiciones deplorables de conservación, la gente parecía al menos, mantener unos estándares de vida aceptables. Cabría pensar que esto se debiera a políticas de “barrido” de las calles para evitar el encuentro con el turista, cosa habitual en las ciudades europeas, pero para eso deberían haberse dado otros dos factores, que no se daban.

Uno, es la presencia de turistas. Éstos se encuentran en pequeñas cantidades en las zonas de restos arqueológicos y en algunas zonas de la Medina en Trípoli. Siempre en viajes organizados, casi ninguno en solitario. El otro factor es el policial. Probablemente es la ciudad donde menos policías he visto en mi vida. Hay una policía de tráfico que intenta controlar algo realmente incontrolable, como es la circulación, en un país donde las autovías tienen el cambio de sentido en la mediana, justo en el carril de más velocidad, y donde la disciplina de carril es inexistente; pero su presencia es constante en las vía principales y en los cruces en las horas punta, vestidos de blanco, como antiguamente en las grandes ciudades de España. Y existe una policía de “turismo”, que está encargada de vigilar que a los turistas no se les robe. Su número es escaso, y su presencia más disuasoria que punitiva. Luego unos soldados a la puerta de los cuarteles. Nada más. Nada de policías patrullando las calles. Tampoco me sentí observado ni me sentí en riesgo de ser asaltado.

Frente a este panorama, le cuesta a uno asimilar como se consigue una situación así. En ningún lugar del África que he visitado, había visto recoger la basura diariamente o me había sido difícil ver un coche antiguo y destartalado; aquí tienen golpes y rozaduras (adivinen por qué), pero no tienen 20 años o más, como en Marruecos y Senegal. Si nos fijamos en el Índice de Desarrollo Humano que el PNUD emitió en 2009 sobre datos del 2007 (4 después del fin del embargo), Libia se encuentra en la lista de los países con un IDH alto, en el puesto 55 de 179 con un índice de 0,847 (Argentina es el 49 con 0,866, Chile el 44 con el 0,878 y España el 15 con un 0,955; Brasil el 75 con el 0,813, Rusia el 71 con 0,817 y Venezuela el 58 con el 0,844 por el lado opuesto), ocupando el primer puesto si lo analizamos por continentes, y miramos África.

Quizás todo esto sean apreciaciones personales, pero es en ellas en las que se puede uno basar para sacar conclusiones sobre el presente y el futuro. Una mirada de paseante me ha permitido vislumbrar un país con opciones, que ha arriesgado mucho por tener un sistema político diferente, con sus pros y sus contras. Unos lo verán medio vacío, yo prefiero verlo medio lleno.

Texto aparecido en EuroMundoGlobal

El tesoro de unas ruinas

Una de las maravillas de Libya es su tesoro en restos romanos. Sólo paseando por las avenidas de los restos de la antigua Roma en la actual he visto algo similar a Leptis Magna. Se trata de una gran ciudad parte de la antigua Tripolitania, en la que aún se aprecian la grandeza de sus avenidas, baños, foros y basílicas. Admirar el arco de Séptimo Severo a la entrada de la ciudad, sobre el cruce de calzadas que provienen del interior, de Alejandría y de Sabratah, es un espectáculo, se haga desde la altura por donde se llega o desde el mismo cruce de rutas, a su sombra, sentado en sus estrados.

Grandes cantidades de restos de columnas y murallas se apilan en su interior. Y aunque hay un aparente desorden, poco a poco puede uno fijarse en que hay un criterio en esos cúmulos de piedras, y es que hay una empresa italiana especializada en reconstrucciones que ha firmado un acuerdo con el estado libio para comenzar a levantar lo que está caído. El día que terminen se podrá pasear por un foro porticado con grandes columnas, o introducirse en el frigidarium de los baños, a la sombra de grandes bóvedas. Y uno se admira, y se pregunta por el dinero inmediatamente.

Ruinas son también, aunque orgánicas, las que dan a Libya su riqueza actual. Aunque sabemos ya que el petróleo se acaba, ese declinar en la producción durará mucho tiempo, y hay lugares como el subsuelo de este país que albergan grandes cantidades de él, al igual que reservas de agua dulce. Y ese tesoro se administra de forma que revierta en el país y la población. Hay todo un entramado industrial alrededor del petróleo que genera beneficios, y estos revierte de muchas maneras a la población, y una de ellas es un dividendo mensual que todos reciben como “accionistas” del estado. Reduce el costo de muchos productos y servicios, facilita la existencia de seguro médico,… Y va a favorecer que se conserve y reconstruya Leptis Magna. Por otra parte, es cierto que hay lugares como la Medina Kadima de Trípoli que están abandonadas y necesitarían un apoyo para su cuidado, pero es ahí por ejemplo donde se notan los largos años del embargo que sufrió el país. También se deja ver en la cantidad de edificios que se están construyendo para dar casas a las familias jóvenes; cerca de medio millón de viviendas que se concluirán para fines del 2011.

El petróleo debe ser sustituido lo antes posible por otras formas de energía, pero es cierto que durante largo tiempo se continuará utilizando el petróleo como fuente energética. Sea cual sea nuestra riqueza debemos cuidarla, y también se debe garantizar que sus beneficios sean de quienes se esfuerzan por cuidarla y sacarla adelante. Duele pensar en el cobre de Chile. Los mineros han sufrido durante mucho tiempo la rudeza del trabajo asociada a la crueldad de las condiciones en las que lo desarrollan. El cobre es la fuente principal de ingresos de Chile, y en cambio no da siquiera para que sus mineros tengan un seguro para los casos de accidentes como el de la mina San José.

Las realidades hay que vivirlas, es cierto, para poder valorarlas en su justa medida. Pero cuando uno se acerca a otras realidades hay que hacerlo libre de prejuicios, y así captar lo mejor posible la vida del día a día. En próximas entregas, espero poder aportar esas vivencias en directo de ese país aun desconocido que es Libya.

Texto aparecido en EuromundoGlobal