Ni belicistas ni monárquicos

Ni es monárquico ni es belicista. Es un juego sí, un juego donde dos personas van a intentar conocer a su oponente. Ni matar, ni comer, sino tomar. Cuando el bosque oculta la realidad no hay como un estólido para regodearse en la estulticia general. El ajedrez es un juego en el que cada persona pone en juego su propio Yo, y se enfrenta a una relación personal con otro, y en ese proceso ponen en marcha todas sus herramientas relacionales para conseguir el objetivo final; apartar todos los obstáculos y conocer lo mejor posible a su oponente. Fijarlo, conseguir inmovilizar el yo de la otra persona y conocerla mejor tras desvestirla.

Las denominaciones, las formas, son ese bosque que al necio le ocultan la realidad de lo que representa ese juego. Una representación mucho más allá de las obligaciones que las piezas mantienen con la Historia. Cosa que el tablero ya consiguió liberar. Los escaques son la representación figurada del territorio en el que nos movemos; en lo bidimensional viene a figurar la esencia tridimensional con sus proporciones, haciendo un paralelismo con la realidad en la que siempre falta aparentemente una dimensión, el tiempo. Aquellos que jugamos con frecuencia nos hemos hecho al uso de un tiempo marcado, no por masoquismo, prisas o falta de paciencia. La vida tiene un transcurso, una duración determinada, y las relaciones personales se ven constreñidas a ese corsé más o menos comprimido, más o menos extendido. Es por ello que se ha confundido la agudeza mental provocada por el juego frecuente, como si fuera un progreso en la inteligencia o en la lógica del individuo, cuando en realidad se trata de una mayor habilidad en comprender lo que la persona que nos habla quiere transmitir, sus argumentaciones, su estrategia comunicativa. La habilidad espacio-temporal en la comprensión del otro es vital en el proceso de personalización, pero también lo ha sido en nuestro proceso de humanización. Nos hemos hecho más y más personas a medida que hemos desarrollado la habilidad de comprender el juego y representación de aquellas a las que tenemos delante.

Es la misma lógica interna a la música. Se trata de mecanismos de representación auditiva que provocan reacciones diferentes en cada una. Es como una cinta transportadora, la secuenciación que acompaña a nuestros procesos mentales y arrastra pensamiento, lenguaje y acción. Los juegos, sobretodo los juegos simples de dos jugadores permiten una aproximación de ambas secuenciaciones, de una superposición temporal de ambas “músicas” que como si de una danza coordinada se tratara, y que nos permitiera contemplar al otro de una manera sintonizada. Los juegos que analizó la matemática moderna, y como consecuencia la economía de mercado, a raíz de los estudios de Nash, son de 3 o más jugadores, y no implican los mismos procesos, sino la sincronía y armonización de las acciones, permitiendo la predictibilidad de las mismas. No se trata de la relación biunívoca de dos almas, mentes y espíritus, sino la armonización de las decisiones e interrelaciones de cuerpos y mentes; no nos centramos en el “entre” sino en la proyección y las consecuencias.

Las piezas de nuestro juego, de nuestra representación teatral podrían estar vestidas como lo están de monarquía y belicismo, como podrían estarlo como los personajes de Loonie Tunes, Star Trek o Star Wars. Es lo mismo Casa de Muñecas, La Escalera, Esperando a Godot, El alcalde de Zalamea o Romeo y Julieta; se trata de representar a la realidad con diferentes personajes, que en realidad son el medio por el que un autor “juega” con el público. Se trata de una representación de nuestras herramientas, de nuestras vías de aproximación al otro, y con ellas nos arropamos, nos encubrimos, nos develamos o desvelamos al otro. Paso a paso nos vamos acercando al centro de nuestro oponente y a su vez él al nuestro. Es un baile de máscaras que caen y que finalmente terminan por detener a uno de ellos. Y es en el proceso por el que nos reconocemos, tanto nosotras mismas como el otro. Y claro está, puede suceder que no lleguemos a desvelar más que algunas trazas, y que todo quede en un aplazamiento. Pero ni hay muertes, ni violencia ni derrocar reyes o reinas; simplemente personas en busca de sentido y de re-conocimiento.

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