El árbol de la Ciencia y Don Pío

Pensando en mis alumnos y alumnas de 1ºESO B les comparto esta entrada del blog de mi querido amigo y ahora colega Carlos J. Herrero Canencia en el que habla del autor que estamos trabajando y dedica un espacio y una Guía de Lectura al libro que estamos leyendo, El libro de la Ciencia.

El libro de la Ciencia

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Filosofía en la radio

En Canal Extremadura Radio, dentro de el programa El Sol sale por el Oeste cada semana los jueves de 1140 a 12 vamos a hablar de Filosofía con alumnas y alumnos de 4º de la ESO del Colegio Paideuterion. El primer programa lo podéis descargar de aquí.

Ni belicistas ni monárquicos

Ni es monárquico ni es belicista. Es un juego sí, un juego donde dos personas van a intentar conocer a su oponente. Ni matar, ni comer, sino tomar. Cuando el bosque oculta la realidad no hay como un estólido para regodearse en la estulticia general. El ajedrez es un juego en el que cada persona pone en juego su propio Yo, y se enfrenta a una relación personal con otro, y en ese proceso ponen en marcha todas sus herramientas relacionales para conseguir el objetivo final; apartar todos los obstáculos y conocer lo mejor posible a su oponente. Fijarlo, conseguir inmovilizar el yo de la otra persona y conocerla mejor tras desvestirla.

Las denominaciones, las formas, son ese bosque que al necio le ocultan la realidad de lo que representa ese juego. Una representación mucho más allá de las obligaciones que las piezas mantienen con la Historia. Cosa que el tablero ya consiguió liberar. Los escaques son la representación figurada del territorio en el que nos movemos; en lo bidimensional viene a figurar la esencia tridimensional con sus proporciones, haciendo un paralelismo con la realidad en la que siempre falta aparentemente una dimensión, el tiempo. Aquellos que jugamos con frecuencia nos hemos hecho al uso de un tiempo marcado, no por masoquismo, prisas o falta de paciencia. La vida tiene un transcurso, una duración determinada, y las relaciones personales se ven constreñidas a ese corsé más o menos comprimido, más o menos extendido. Es por ello que se ha confundido la agudeza mental provocada por el juego frecuente, como si fuera un progreso en la inteligencia o en la lógica del individuo, cuando en realidad se trata de una mayor habilidad en comprender lo que la persona que nos habla quiere transmitir, sus argumentaciones, su estrategia comunicativa. La habilidad espacio-temporal en la comprensión del otro es vital en el proceso de personalización, pero también lo ha sido en nuestro proceso de humanización. Nos hemos hecho más y más personas a medida que hemos desarrollado la habilidad de comprender el juego y representación de aquellas a las que tenemos delante.

Es la misma lógica interna a la música. Se trata de mecanismos de representación auditiva que provocan reacciones diferentes en cada una. Es como una cinta transportadora, la secuenciación que acompaña a nuestros procesos mentales y arrastra pensamiento, lenguaje y acción. Los juegos, sobretodo los juegos simples de dos jugadores permiten una aproximación de ambas secuenciaciones, de una superposición temporal de ambas “músicas” que como si de una danza coordinada se tratara, y que nos permitiera contemplar al otro de una manera sintonizada. Los juegos que analizó la matemática moderna, y como consecuencia la economía de mercado, a raíz de los estudios de Nash, son de 3 o más jugadores, y no implican los mismos procesos, sino la sincronía y armonización de las acciones, permitiendo la predictibilidad de las mismas. No se trata de la relación biunívoca de dos almas, mentes y espíritus, sino la armonización de las decisiones e interrelaciones de cuerpos y mentes; no nos centramos en el “entre” sino en la proyección y las consecuencias.

Las piezas de nuestro juego, de nuestra representación teatral podrían estar vestidas como lo están de monarquía y belicismo, como podrían estarlo como los personajes de Loonie Tunes, Star Trek o Star Wars. Es lo mismo Casa de Muñecas, La Escalera, Esperando a Godot, El alcalde de Zalamea o Romeo y Julieta; se trata de representar a la realidad con diferentes personajes, que en realidad son el medio por el que un autor “juega” con el público. Se trata de una representación de nuestras herramientas, de nuestras vías de aproximación al otro, y con ellas nos arropamos, nos encubrimos, nos develamos o desvelamos al otro. Paso a paso nos vamos acercando al centro de nuestro oponente y a su vez él al nuestro. Es un baile de máscaras que caen y que finalmente terminan por detener a uno de ellos. Y es en el proceso por el que nos reconocemos, tanto nosotras mismas como el otro. Y claro está, puede suceder que no lleguemos a desvelar más que algunas trazas, y que todo quede en un aplazamiento. Pero ni hay muertes, ni violencia ni derrocar reyes o reinas; simplemente personas en busca de sentido y de re-conocimiento.

¿Religión en la Escuela?

Leídos tanto el artículo de Víctor Bermudez “Defensa de la religión en la escuela”,  como el de David Cerdá en el mismo número de HCH, “Contra el popurrí ideológico y el espíritu amurallado” he de reconocer que me sitúo en una tercera posición, argumental y en cuanto a las conclusiones.
Creo que con demasiada frecuencia se confunde lo laico, con el laicismo. Lo que corresponde al ámbito público, de los valores cívicos, de la ciudadanía, de la polis, aquello que se centra en el desarrollo de la vida pública como ciudadanos, eso es ser laico. Laicista es en breve, el que usa estas cuestiones para enfrentarse enrabietadamente contra la religión, y por cierto, tiene un componente mayoritario hispánico. Pero mantener la esfera de lo laico bien definida permite una buena salud para la ciudadanía como para algo impresicindible para el ser humano, que es la espiritualidad, el sentimiento de lo trascendente.
Como cristiano, considero que la Iglesia Católica, y como ella la mayor parte de las religiones, abusan de su intromisión en terrenos que no le corresponden. Y no digo que estén desconectados, pero la Iglesia se ha convertido en máquina de poder, como otras instituciones, abordando el ámbito de la ciudadanía. La sacralidad, lo trascendente, precisa de un ámbito, de una forma de razonar (sí, de razonar) diferente al ámbito laico. Y no se trata de crear una escisión, sino de permitir que se tenga la suficiente independencia para desarrollar las creencias.
Una clase de religión católica debería enseñar claramente que no se puede ser militar, ni usurero, ni rico. Enseñar eso fuera del contexto correcto se hace imposible, ya que vivimos en una sociedad estructurada bajo la base de un capitalismo militarizado, por lo que socavaría las bases de la sociedad.
La religión debe pertenecer al ámbito de la familia y de la comunidad, que son quienes deben transmitir esta forma de entender el mundo. La escuela, por contra, debería transmitir la manera de vivir en sociedad, de participar en ella, de hacerla mejor cada día, de comprender como estructurarnos para ser sostenibles. En cambio se dedica a suministrar conocimientos contrastados o no, pero que políticamente se consideran imprescindibles para el fin que la escuela sirve.
Sí. Hay que cambiar la escuela y las instituciones religiosas. Quizás en ese mundo posible pero aún no existente podríamos compartir espacios de convivencia donde las creencias y las verdades, sean del tipo que sean, pudieran transmitirse para crear conciencias críticas tanto frente a la trascendencia como ante el poder político.
Indudablemente me encuentro más cerca de Víctor Bermudez Torres que de David Cerdá. Aunque argumentos de los que presentan ambos los considere míos. Cambia el punto de vista y fundamentalmente mi esperanza.

Próxima Centauri b como “Planeta B”

El negacionismo del Cambio Climático viene insistiendo en las infinitas capacidades de la Ciencia para desarrollar en un tiempo razonable medios para reducir los efectos de la contaminación y resolver los males de la humanidad, como la falta de agua y alimentos, mediante desarrollos tecnocientíficos.

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This artist’s impression shows a view of the surface of the planet Proxima b orbiting the red dwarf star Proxima Centauri, the closest star to the Solar System. The double star Alpha Centauri AB also appears in the image to the upper-right of Proxima itself. Proxima b is a little more massive than the Earth and orbits in the habitable zone around Proxima Centauri, where the temperature is suitable for liquid water to exist on its surface.

Nuestra visión del mundo no ha conseguido ensancharse con el paso de los siglos más que a penas unos kilómetros de forma generalizada y sólo para unas pocas personas en relación a los 7 mil millones de habitantes de este planeta. Saber que el planeta es redondo, y que existen otros continentes a parte del propio es algo extendido, pero haberlo asumido en la comprensión que tenemos del mundo es una cosa muy distinta. En este planeta hay muchas visiones del mundo compartiendo espacio y se trata en muchos casos de entendimientos que chocan con la realidad de manera estrepitosa. Entender que los recursos son finitos, que no van a durar mucho tiempo más al ritmo que los consumimos, precisa tener claro que el mundo en el que vivimos tiene unos límites, y no es una extensión plana e indefinida. Además debe poder asimilarse lo que significa en distancias y proporciones la relación entre el manto terrestre y el globo terráqueo, y de ese modo asimilar la finitud real de nuestro planeta.

Si todo eso no está bien asimilado por nuestras mentes, es sencillo que nos puedan decir cifras con muchos ceros referentes a las reservas de tal o cual mineral o fuente de energía, o que nos puedan generar esperanzas en técnicas muy sofisticadas de laboratorio, que potencialmente aplicadas al planeta tendrían unos efectos maravillosos y salvíficos.

Lo mismo sucede con la existencia de un Planeta B. El propio Hawking ha dicho que vayamos pensando en la Luna como destino porque estamos destruyendo este planeta, como si la solución a nuestros hábitos destructivos fuera irnos a destruir a otra parte, terrificando cada lugar que encontremos con posibilidades. Y bueno, terrificar la Luna o Marte que no tienen vida en ellos, puede ser peligroso geológicamente, aunque sea difícil de calcular, pero es un riesgo que asumiríamos nosotros como especia. Pero hay varias cuestiones que se le escapan a la mayor parte. Estamos muy lejos también de ser capaces de llevar a cabo con éxito la terrificación de lugares como la Luna o Marte, y desde luego sería para una minoría de nosotros, como siempre esa minoría que fuera capaz de pagar la posibilidad de estar en esos lugares, que a pesar de sus dificultades ya serían mejor opción que el seguir sobre la Tierra. Y por otro lado, la eventualidad de que sea un ambiente mucho más amigable para las personas, como pudiera presumirse en el caso de Próxima Centauri b, surgiendo el dilema de que terrificar implicara un desastre ecológico a un planeta con vida propia.

Nuestra cosmología es aún especulativa y pobre, tanto en lo tecnocientífico como en lo filosófico. Estamos más cerca del campesino de la Edad Media que del colono de la Luna, y no digamos del de Próxima Centauri b en todo lo relativo a comprensión del mundo que nos rodea y medios tecnocientíficos.

El valor de una vida humana

No hace mucho tiempo vi la película “Good Kill”, que por primera vez ponía el acegoodkillnto sobre esa nueva forma de matar que nos permiten los drones; a distancia, como en un videojuego, pero en primera persona. Se centraba mucho en los problemas personales, no quedaba muy claro si de conciencia, del oficial protagonista de la películaeyeinthesky.jpg. Realmente no te das cuenta del punto de vista siempre individualista que le confieren a las películas en USA, hasta que no ves el mismo tema tratado desde el otro lado del Atlántico. Igualmente anglosajones, aparentemente forjados por la misma ética protestante de Hume, Mill o Weber, pero siempre con un carácter mucho más personal. “Eye in the Sky” es casi una obra de teatro con 6 escenarios simultáneos, coordinados por la tecnología que nos permite vernos y oírnos en tiempo real, igual que podemos asesinar en tiempo real y en primera persona sentados con un café o un té con pastas.

La última frase de la película es también la última frase que Alan Rickman nos dejó en el cine:

“Nunca le diga a un soldado que no conoce el precio de la guerra”

Tres objetivos prioritarios de la facción somalí de ISIS se encuentran reunidos en una casa del barrio de refugiados somalíes de Nairobi preparándose para un ataque suicida; desde el centro de mando del ejército y el del gobierno británicos, la base de operaciones de drones en Texas y de la inteligencia de USA en Hawai, y del ejército keniata en Nairobi se monitoriza el ataque desde un dron para abatirlos. El problema surge con la presencia en el área de alcance del ataque de una niña que vende pan.

El valor de la vida humana es el epicentro de todo, y girando al rededor se encuentran la responsabilidad sobre las decisiones, la responsabilidad de gobierno, la aplicación “contable” que significa la estimación de daños colaterales, y varias temáticas más habituales en la ética.

Siempre me he preguntado si al valor de la vida de una persona es posible aplicarle operaciones aritméticas. Si una vida vale mucho, ¿cuanto vales tres?¿Mil?¿Un millón? Y si una es incalculable, ¿podemos atrevernos a poner por delante la vida de ochenta frente a la de una? Pero ese es el problema más evidente del que trata esta película. Detrás se encuentra el dilema de la violencia, y de la legalidad de la muerte en estado de guerra. En la comparativa de estos dos títulos de los que hablo, hay algo que podemos sacar en claro a primera vista; o en las películas norteamericanas nos engañan simplificando las historias al máximo, o la práctica en la toma de decisiones en el país más poderoso de la Tierra no se sustenta más que en las de una sola persona. En la cinta inglesa se puede observar un complejo entramado político, legal y militar que precisa que entre ellos haya acuerdo, teniendo la decisión última el responsable del ejecutivo. Pero aún así las decisiones están basadas en los efectos cuantificables que se generen; muertos, imagen pública, efectividad,…

Esa frase del final, parece dejar la puerta abierta para salvar el “honor” cuestionado de un militar que mata desde una silla a miles de kilómetros sin riesgo para su vida. Pero más bien creo que es la muestra de esa imposibilidad para justificar sus actos amparado en una mística militar cada vez más difícil de defender. En la lógica de la guerra tradicional, la que se termina con Vietnam, las muertes de uno y otro lado se consideran “legales”, producidas en el proceso de una guerra. Pero poco a poco, durante los años 70 y 80 se fue generando una transformación de esa lógica, hacia una en la que la guerra es siempre defensiva, lo que convierte al otro en terrorista, y por tanto “mis” muertos siempre son asesinatos cometidos por el oponente. A dicha transformación, ha venido a sumarse la mezcla de distancia y efectividad que aportan las nuevas tecnologías. Bombardear Dresde y matar a miles indiscriminadamente no tenía más justificación que “terminar cuanto antes la guerra”; lo mismo con Hiroshima y Nagashaki. Ahora podemos matar a una persona con pocos “daños colaterales” con una certeza casi total; ¿cuantas veces se habrán preguntado como hubiera sido poseer esta tecnología y poder matar a Hitler desde un despacho de Londres?

Al final, cada uno carga con sus culpas, sí, pero los muertos son vidas concluidas para siempre. Creación, fabricación y comercio de armas son el mayor delito de lesa humanidad que existe. Si realmente queremos afrontar la culpa y nos creemos capaces y legitimados para matar, que sea mirando a los ojos y con nuestras propias manos.

Ecología Política

Gracias a la persistencia y la influencia de Carmen Ibarlucea, he ido incorporando al bagaje del Personalismo Comunitario el cuerpo teórico de la Ecología Política. Hace años, unos 12, partiendo de algunos pensadores que habían avanzado desde Emmanuel Mounier por la senda del derecho y la economía, llegamos a Georgescu-Roegen y las teorías del decrecimiento. Pero la actualización de sus teorías económicas vienen de la ecología política, y tienen unos 15 años aproximadamente.

Pasándolas por el tamiz del personalismo, de la crítica a la modernidad de Péguy, nacen estos 5 criterios básicos desde los que poder construir una comunidad consistente con sus componentes y el entorno que la rodea.

‪#‎Cooperación‬ En todo lo relacionado con lo organizativo y en la acción diaria, es la base para que las fronteras interiores y exteriores sean permeables y la participación posible. Ninguna organización verticalizada, centralizada o con órganos impermeables podrán establecer las relaciones de cooperación necesarias con las personas que la componen, ni con esas otras organizaciones con las que establecer lazos de trabajo conjunto.

‪#‎Ecofeminismo‬ La autonomía de las personas es el objetivo más allá de la igualdad. Desarrollar una ética del cuidado es el objetivo más allá de la mera conciliación. La Modernidad y sus categorías han impuesto que la Igualdad sea el criterio de referencia, pero el patriarcado ha marcado esas relaciones descompensándolas gravemente desde el principio. Sólo la reinclusión de la feminización en nuestra sociedad podrá restablecer el equilibrio original en nuestra especie y con el entorno.

#‎EconomíaCircular‬ El producto obtenido, como el necesario beneficio dependen de los materiales utilizados y de las relaciones entre estos y los productores. Esto ya lo vio el marxismo, pero no supo escapar del productivismo, porque las personas somos primero y vivimos en un planeta de límites finitos. Producir tomando en cuenta el impacto de toda la cadena, el consumo energético y las relaciones de producción, mantienen cerrado el ciclo económico dentro del equilibrio que necesita el planeta.

‪#‎Redistribución‬ de las rentas, de los derechos, de los espacios, de la energía… porque sólo a través de una Renta Básica Universal podremos dotar de un sólido punto de partida a toda persona; y sólo con una equiparación del acceso a sus necesidades vitales podremos objetivar los derechos de todas; y sólo redistribuyendo el acceso a la tierra garantizaremos la alimentación; y sólo socializando el acceso a la energía, una cada vez más limpia y respetuosa con el entorno podremos dar la potencia a toda las posibilidades personales.

#‎Personas‬ humanas y no humanas, cuidadas y cuidadosas del medio que habitan, hospitalarias con lo que las rodea. Asumir que todos los seres vivos deben ser cuidados, y las personas humanas debemos cuidarnos unas a otras, aceptando el reto de cuidar del entorno en el que vivimos es una prioridad que precisa de un cambio de forma de ver lo que nos rodea. Ser hospitalarios, recibir y ser recibidos.

 

Procusto y la Hospitalidad

Procusto, que también era llamado Damastes, es el prototipo de la Modernidad. Con mucha frecuencia se ha confundido sus razones con las de la Reina de Corazones, que continuamente estaba exigiendo “Que le corten la cabeza!” a todo el o la que sobresalía a su lado.

Pero no, el avasallador de Procusto a lo que se dedicaba, era a recibir con aparente diligencia a los viajeros en su posada, y maniatarlos para someterlos a la tortura de hacer encajar su cuerpo en una cama de hierro bien muy larga, bien muy corta para sus víctimas. Ese molde que no se corresponde con nadie en concreto es el prototipo de la uniformidad, el opuesto de la diversidad. Es la sistematicidad puesta al servicio de lo idéntico. El espíritu de sistematicidad que la Modernidad trae consigo es la herramienta más potente y destructiva que tiene la ideología predominante en Occidente en los últimos 200 años. La anulación de la diferencia, la acomodación a estándares, la reducción de opciones para el pensamiento y la acción, donde todo se ve mediatizado por la eficiencia, otro punto que Procusto llevaba a cabo, cortando con precisión todo lo que quedaba fuera del marco que generaban sus camas metálicas.

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Además es la antítesis de la Hospitalidad, ya que era en el ejercicio de su profesión de hostelero que cometía sus atropellos. Las características de la hospitalidad son precisamente aquellas del diálogo, la diversidad y el cuidado; para, en y con el otro. Procusto por contra solo busca la uniformidad, destruyendo en el camino, como forma de preservación del sistema.

¿Qué Teseo vendrá en nuestra ayuda para someterlo a su propia técnica?

Francisco o el estupor de Dios

Este texto aparece publicado en el número de Marzo 2014 de la Revista Afrokairós, y puede leerse AQUÍ en la página 13.

Hablar del primer año de un papado, resulta ser algo llamativo cuando hemos estado acostumbrados a largos papados, donde el primer año no suele significar cambios sobre los años del anterior papado. Pero esta vez, a pesar de que la primera encíclica era, podríamos decir, compartida entre ambos papas, y de darse la curiosidad de que el anterior sigue vivo, las novedades son muchas y de tal calado que se hace muy relevante revisarlo y ver las previsiones.

Francisco ha conseguido en primer lugar que se le conozca por su nombre, sin numeración. Y esto lo ha acercado más en el imaginario a San Francisco, aquel en que puso su meta al convertirse en Papa; la humildad y el amor por los otros se han convertido en una seña de identidad que se distingue claramente desde dentro y fuera de la Iglesia Católica. Desde mi posición de cristiano que se encuentra fuera del catolicismo, tras un proceso de conversión con entrada y salida, veía con preocupación cómo eran tratados mediáticamente los papados anteriores, al igual que los mensajes que salían a los medios provenientes del Vaticano. A pesar de la presencia de las diferentes confesiones cristianas en los medios, los mensajes del Papa siempre tienen un impacto que es acogido por fieles, creyntes o ateos, resultando una marea de efectos sobre la sociedad a nivel mundial. Y eso ha cambiado profundamente en el último año.

Los discursos sobre la moralidad han primado siempre por encima de los discursos sobre la realidad socioeconómica; así, a pesar de enviar mensajes claros en anteriores papados denunciando el neoliberalismo y su relación con la pobreza y el hambre, eran los que tenían que ver con la moral reproductiva o la sexual los que tenían eco y eran reproducidos por obispos y sacerdotes en sus homilías y declaraciones públicas. Pero en este año de papado, Francisco ha dicho claramente que eso debía acabar. Había que poner un acento mayúsculo en la denuncia socioeconómica, y eso solo era posible con un esfuerzo comunicativo sin precedentes.

Decía Hans Urs von Balthasar hablando de Charles Péguy: “Una religión que se resigna a admitir la perdición eterna de los hermanos y a no llorarlos eternamente es radicalmente egoísta en el problema de la salvación y, por tanto, burguesa y capitalista en su misma entraña”. Este periodo de un año de papado ha puesto de manifiesto que el problema principal para Francisco es la pobreza, y en ello ha querido centrar sus homilías como también la Evangelii Gaudium. Una pobreza que tiene unas razones claras en la globalización y en el reino del dinero: “La actual globalización «esférica» económica, y sobre todo financiera, produce un pensamiento único, un pensamiento débil. Y en su centro ya no está la persona humana, sólo el dinero.” acaba de decir en una entrevista para el Corriere della Sera.

Francisco lleva un año insistiendo en que no se trata de cambiar la doctrina sino que la pastoral tenga en cuenta a las personas. Yo estoy convencido que la doctrina debe cambiar si el catolicismo quiere mantenerse dentro del Evangelio, pero también es cierto que eso no es posible sino se rectifica la pastoral que hoy impera, no solo en el catolicismo, sino en todas las versiones del cristianismo. La persona no es el centro de nuestra sociedad ni de nuestras creencias, seamos de la religión que seamos o no la tengamos; el centro está en el tener y principalmente en tener dinero. La persona se convirtió en individuo, fue cosificado y por tanto convertido en producto y bien de consumo como cualquier otro. Eso es lo que debe cambiar.

Y en ello Francisco está jugando un papel muy importante con su cambio de actitud ante el mundo y su entorno eclesial. Ha humanizado el puesto de Obispo de Roma; ha traído un signo diferente a sus relaciones personales con el entorno que le rodea, y eso es un paso primordial para el camino que parece haberse propuesto; mostrar al mundo que ubi caritas Deus est. Y ha comenzado a dar los primeros pasos en la transformación de la curia y las estructuras de poder en el Vaticano. Decía Juan Pablo I (entonces aún Albino Luciani): “Sin embargo, querido Péguy, sería una equivocación esperar, pero dejándolo siempre para más adelante. Quien se mete en el camino del después desemboca en el del nunca. Conozco a alguno que parece haber convertido la vida en una perpetua «sala de espera»”, en su Carta a Péguy. Y la Iglesia que se ha encontrado Francisco era más del nunca que la de la pequeña niñita que es la esperanza.

Y esa esperanza es la que se ha visto revitalizada con este primer año de papado en el que Jorge Bergoglio nos ha recordado a muchos que la esperanza provoca el estupor de Dios surgiendo entre nosotros una y otra vez, tozudamente, confiando en que el amor triunfe por encima de la indiferencia de los que sufren.