Debates del personalismo VI

Queridas Inés y María Cristina, no creo que sea una cuestión de posiciones contrapuestas, sino de visiones distintas de una misma realidad. Eso implica que cada uno se posiciona para ver el cuadro desde su lugar, con lo que no hay hiato, y quien quiere ponerlo tergiversa la realidad. La cuestión es ser capaz de mirar desde distintas posiciones para ver la realidad completa.
También es cierto que hay momentos que exigen más una mirada que otra. La eterna tensión de las democracias cristianas entre la mariteniana y la mouneriana se expresa en un menor o mayor compromiso con la realidad. Maritain nos demanda una mayor contemplación para profundizar en el ser, mientras que Mounier exige hundir manos y pies en el fango de lo continuo para comprenderlo y actuar en él.
Tener estas cuestiones claras es primordial para que ambas visiones dialoguen y se enriquezcan. Es como si me dijeran que no es necesaria una filosofía de la persona a lo Von Hildebrand o Guardini, o que el Personalismo Comunitario de Carlos Díaz es superfluo.

Para seguir contestando no voy a situarme desde ninguno de los dos autores en particular, aunque mi influencia (o mi raíz, siguiendo la terminología de Carlos Díaz en “30 nombres propios”) creo va a quedar clara.

La primera aporía que menciona Carlos no me parece tal. La persona es y se hace. Desde el primer momento somos personas y por tanto somos dignos; no se trata de una cuestión de perfección o imprefección, categorías aritotélicas y tomistas que resultan complicadas (cuando no peligrosas) a la hora de hablar de la persona. No somos en potencia, pues, sino que somos personas desde un primer instante, pero personas que deben pasar por un proceso de personalización. Éste se desarrolla de manera doble; en relación con los demás y relación con uno mismo. Además existe la posibilidad de descubrir en los demás y en uno, una forma de relación especial con la trascendencia, que en ningún caso es independiente de nuestra relación con los otros y con nosotros mismos, y que no es imprescindible para el proceso de personalización. Estamos demasiado imbuidos de la concepción aristotélica de que la perfección y la completud van unidas, de donde proviene la idea de progreso o desarrollo que manejamos habitualmente en sentido de mejora, avance, o camino de perfección, cuando en realidad son simplemente camino.
Así las consecuencias de una visión perfeccionista son precisamente de las que alerta Carlos en estas líneas; sólo vales si te adhieres a una escala de valores, por lo que quien no puede por ser nonnato o discapacitado no sería persona o lo sería “menos”. De la misma manera que he visto justificar a reputados neotomistas la pena de muerte, ya que igual que se “mejora”, se “empeora”, pudiendo perder en la escala personal. Ser no implica estaticidad; la discrepancia entre Heráclito y Parménides es falsa, se trata de dos maneras de explicar lo mismo. El ser se desarrolla y no es por ello que sea mejor o peor, sino por su adscripción a una escala de valores.
Hasta aquí mi matiz con Carlos es que creo que el tomismo es una mala explicación de lo que dijo Tomás de Aquino. Maritain se ciñó finalmente en exceso al tomismo. Esto ya lo separó de Péguy y lo separaría de Mounier.
Mounier es un pensador arriesgado, más preocupado por entender y explicar qué acontecía con la persona, que en mantener una rigurosidad filosófica. Y esto lo aprendió de Landsberg, su “maestro” en entender qué era eso del compromiso, alguien extraordinariamente riguroso que también entendía de las urgencias, que prefirió la inestabilidad al quietismo.
En fin, que esto da para mucho y es un comentario…

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Debates del personalismo V Ines Riego y M.Cristina Roth

Inés Riego

Javier, antes que nada debo felicitarte por la valentía de entrar a un tema al que, “en el llano”, pocos se le han animado. Digamos, para precisar, a popularizarlo y eso solo ya es meritorio. Pero además has puesto el dedo en la llaga en una de las temáticas que más rispideces ha creado entre maritainnianos y mounieranos, aquellos tirando hacia una metafísica del ser de corte tomista y recostada sobre la derecha (aunque muchos no entiendan casi nada del trasfondo de esta metafísica) y éstos, los seguidores de Mounier, renegando de ese “tufillo tomista” y tirando de la cuerda hacia una izquierda revolucionaria pero moderada, por cierto. Yo me río cuando dicen que las ideologías han muerto, porque de hecho la realidad dice que estas grandes “ideas-pasiones” del siglo XX no han caducado y están a la orden del día en los discursos políticos y de la cultura en general. Pero te voy a ser absolutamente sincera: coincidiendo con Lucía, no veo inevitable ese hiato entre “metafísica del ser” y “metafísica del devenir”, que son perfectamente conciliables y complementarios, en el plano filosófico al menos. Porque de hecho Mounier no reniega de las categorías metafísicas (aunque critica lo criticable, por supuesto, como la rigidez de ciertas estructuras tomistas propias de un discurso medieval incapaz de pensar la relación como esencial a la persona) sino que las incorpora tranquilamente a su discurso adaptándolas a su razón agapeizada cristiana. De hecho al definir al “indefinible humano” dice que la persona es “un ser espiritual constituido por una forma de subsistencia y de independencia en su ser…” etc., usando desde ya la categoría metafísica de ‘subsistencia’, y ¡hablamos de metafísica del ser! Más bien me inclino a ver las grandes diferencias entre uno y otro en la interpretación de la persona como relación amorosa en Mounier, que es y se hace a la vez, y más clausa y sustantivista en Maritain aunque abierta a lo comunitario, y en las distintas lecturas sobre la esencia de la Iglesia y la cristiandad, Maritain más ortodoxo y Mounier un revolucionario, al punto de dirigir su discurso de denuncia contra la cristiandad difunta y la burguesía cristiana de aquella época, no tan distintas de las nuestras.
En fin, hay mucho por pensar y más por estudiar, pero tu comentario breve es una puerta abierta perfecta a este debate que todavía nos debemos los personalistas actuales. Y esto sin olvidar que nada puede suplantar al valor del buen diálogo entre las distintas posiciones -y pasiones-, y que desde esta espléndida libertad del pensamiento estamos obligados a ser críticos lúcidos de ambos, siempre viendo y reconociendo lo bueno y noble que uno y otro nos han dejado para poder pensar desde uno mismo. Este espacio refleja precisamente esa libertad sin la cual no somos.

M.C. Roth

Coincido con inés en el comentario pero tamién me genera la pregunta si es necesario seguir tirando de la cuerda o sería más positivo una actitud integradora-desde los dos lados- acerca del mundo del “ser” y del devenir” No creo que haya hiato alguno sino que el ser va siendo en el devenir… de ahí su historicidad. Su realización en la comunididad de individuoa… pero la tenporalidad es ingherenteal ser en su devenir…

Debates del personalismo IV Respuesta Carlos Massías

Creo que la idea de una persona que se hace persona, nos coloca ante una aporía: primero, ¿mediante qué actos la persona se hace persona? ¿mediante el compromiso con los valores, las acciones éticas? De ser así, ¿los niños que están en el vientre materno no serían personas por no manifestar compromiso alguno con los valores (o realizar la acción que sea que nos haga personas)? Igual questionamiento se podría realizar con una persona en estado de coma. ¿Valida esto la eutanasia o el aborto? Segundo, podría decirse que el no nacido es una persona en potencia; pero la potencia implica imperfección respecto al acto. ¿cabe una persona imperfecta? o en otros términos, ¿cabe hablar de un más y un menos en las personas? ¿Hay hombres que son más personas que otras y por ende más digna que otras, en la medida en que se ha hecho más o de mejor manera? Esto me inclina a pensar a la persona más como “ser” que como “hacerse”.

De que la persona es “ser” y no “hacerse”, no se sigue de que sea una mónada. La incomunicabilidad personal no solo no es contraria a la interpersonalidad, sino que es su “fundamento” (puede verse al respecto el capítulo II de La Interioridad de la Persona de John Crosby). El querer contraponer la incomunicabilidad tomista (medieval, en realidad) con la comunión interpersonal del personalismo y las filosofías del diálogo, pone en evidencia una lectura deficiente, superficial, de la metafísica tomista. Para Tomás de Aquino el ser humano es persona incomunicable, pero a la vez está llamado a la comunión con Dios. Tampoco se puede decir que porque la persona es ser acabado no tenga ya nada que hacer. En los seres humanos, se distingue el ser de la esencia, la naturaleza de la persona. La esencia es potencial y corre a cargo de la persona actualizarla, hacerla crecer, y ese crecimiento solo se hace en relación, porque el crecimiento humano es sobre todo ético.

Por último, el tomismo es una obra filosófica audaz, imponente; pero -por razones varias- con una visión de la persona insuficiente. Le toca al personalismo rescatar lo valioso y criticar las limitaciones para proseguir cognoscitivamente; pero esto tiene que hacerlo -como señalaba Carlos Díaz en Córdoba- con un estudio serio y riguroso de la filosofía, y no con juegos de palabras insustanciales. Maritain es ciertamente un pensador serio y riguroso, y es loable su intento de actualizar el tomismo; sin embargo, en muchos aspectos terminó siendo más fiel al tomismo que a la realidad, y no se aventuró a una ampliación temática del ser personal, sino que lo siguió entendiendo análogamente. Mounier es también otro pensador serio, pero su interés por el compromiso a veces lo lleva a perder rigurosidad y precipitarse en algunas conclusiones insostenibles. Nos toca, al igual que con el tomismo. rescatar lo valioso de su filosofía y criticar los límites del pensamiento de mounier, para poder seguir conociendo. La fidelidad no es ni para Mounier ni para Maritain, sino hacia la persona.

Debates del personalismo III

Este post es claro y conciso. Traer las palabras de Arostegui sobre el tema es muy interesante, porque centra todo el debate entre las dos líneas principales del personalismo hasta hoy.

Desde mi punto de vista existe una Filosofía de la Persona, de clara influencia tomista, en la que Karol Wojtyla sería su exponente más importante en los últimos tiempos, y en la que Maritain y Von Balthasar se sitúan en la periferia como claros referentes. Luego tenemos el Personalismo Comunitario, que con Mounier como referente, ha ido generando pensamiento también durante los año posteriores a él, con Carlos Díaz como el pensador que más a aportado en su bagaje teórico en los últimos años.

En la misma línea por ejemplo está la diferencia de base entre la Asociación Española de Personalismo y el Instituto Emmanuel Mounier, siendo cada uno de ellos representante respectivamente de las líneas mencionadas.

Las influencias son determinantes a la hora del compromiso de la acción, como reconoce Arostegui en línea con Landsberg. Quizás no esté tan de acuerdo en su apreciación del Manifiesto, pero eso es una cuestión más larga.

Gracias por el post.

Debates del personalismo II Introducción Javier García

Jacques Maritain es el autor que me introdujo al personalismo. Desde hace años lo leo con entusiasmo y sin dudas sigue siendo uno de los intelectuales que más admiro. Gracias a él conocí otra vertiente del personalismo, con énfasis en lo comunitario. Se trata del pensamiento de Emmanuel Mounier, que de a poco me va resultando apasionante, no sólo por sus escritos sino también por su testimonio de vida y compromiso con su época. Ahora, uno y otro autor, contemporáneos y estrechamente unidos en el movimiento personalista, se apoyan en dos metafísicas probablemente excluyentes.

Antonio Aróstegui, reconocido catedrático español de filosofía, fallecido en 2009, prologó un texto bastante esclarecedor sobre las principales discrepancias entre Maritain y Mounier en “El pensamiento de Jacques Maritain”[1], de Juan Ramón Calo y Daniel Barcala. En su escrito, Aróstegui identifica al pensamiento de Maritain como producto de una metafísica del ser, básicamente tomista y a Mounier, como un claro referente de una metafísica del devenir.

El autor critica la excesiva fidelidad de Maritain a santo Tomás, en virtud de la apuesta maritainiana de aportar a un nuevo humanismo, a una sociedad auténticamente personalista y comunitaria. Para Aróstegui su adscripción a la metafísica del ser constituye el gran problema porque, según su análisis, “no es posible fundar una sociedad realmente comunitaria, un humanismo evangélico, sobre una teoría metafísica donde la persona, concebida como subsistencia, ‘se hace totalmente incomunicable’. El ser humano, en la metafísica tomista, se halla ontológicamente condenado a reclusión perpetua en sí mismo”.

Allí radica la gran diferencia entre estos dos personalistas, de acuerdo a Aróstegui, quien señala que Mounier acepta inicialmente la metafísica del ser con poco entusiasmo y grandes reservas en el “Manifiesto al servicio del personalismo” (1936), para catorce años después decidirse abiertamente en “El personalismo” por la metafísica del devenir.

“Y en la metafísica del devenir la persona no puede ser ontológicamente incomunicable, entre otras razones, porque la persona no es un ‘ser’ sino un ‘hacerse’, en el tiempo y por el tiempo, con las cosas y personas que integran su mundo.”

Así es que estas dos metafísicas conducen a consecuencias distintas, no sólo teóricas y axiológicas, sino también prácticas. “No apremia del mismo modo el compromiso de la acción temporal a quien se considera un ser ya hecho, ontológicamente acabado y cerrado, que a quien se considera ‘in fieri’, haciéndose con los otros y proyectado existencialmente hacia ellos”. Del mismo modo, asegura Aróstegui, esas dos metafísicas conducen a un análisis valorativo distinto de la realidad social vigente y circundante.

Dos metafísicas –concluye-, dos criterios coincidentes en la discrepancia.

En síntesis, no dudo que son muchos más los motivos que unen a Maritain y Mounier de los que los separan, no obstante, cómo conciliarlos en función de sus respectivas metafísicas es todo un desafío y un asunto, al menos para mí, por demás interesante a ser dilucidado.
[1] publicado en Madrid por Editorial Cincel en 1987

Debates del personalismo

Desde hace un tiempo se publica un blog desde Argentina. Lo gestiona Javier García Moritán, y en él se da vida a los debates que se producen en el personalismo comunitario de hoy en día, además de darnos información del Instituto Emmanuel Mounier de Argentina, del que forma parte su autor.
En los días pasados se ha producido un debate a raíz de un post al respecto de las divergencias entre el personalismo de Jacques Maritain y el de Emmanuel Mounier. Ese debate lo hemos mantenido Carlos Massías Vergara y yo mismo, y dado que se trata de un tema importante y el debate creo que ha sido interesante, he creído importante traerlo en forma de post a mi blog.
El sistema es que cada comentario producido en dicho debate lo voy a convertir aquí en post,así como la introducción de Javier, aunque se puede leer tal como se produjo, con todos los comentarios realizados y en las fechas correspondientes, en los siguientes post de Acto y Potencia; Maritain-Mounier; metafísica del ser-metafísica del devenir y La fidelidad es a la persona