Sobre Economía Social Solidaria

Leyendo unas reflexiones de Emmanuel Rodriguez sobre la Economía Social Solidaria (ESS) veo como se percibe esta forma de producción desde determinados sectores del pensamiento político y es preocupante que tras los más de 25 años que la ESS se encuentra organizada (existe desde hace más tiempo) no se consiga traspasar determinadas fronteras, máxime cuando son aquellas que deberían ser más porosas, más permeables a estas propuestas.

Se produce poco, las iniciativas están abrumadoramente concentradas en la consultoría, la educación y la intervención social”, comienza apuntando.

El concepto de producción que se maneja en determinados sectores aún enormemente marcados por el neoliberalismo y el marxismo, impide aproximarse a las nuevas formas de producción. Efectivamente hay un menor peso dentro de la ESS de aquellas iniciativas que podríamos llamar netamente productivas o del sector agroganadero o industrial, si las comparamos con el total de la ESS y a su vez con las relaciones comparativas dentro de la economía tradicional. Aún así las iniciativas agroecológicas no son pocas, y poco a poco se van sumando a formas de gestión empresarial compatibles con la ESS, no solo por su objetivo de producir ecológico, sino en lo meramente procedimental. Y el hecho de que existan cooperativas de consumo, es porque existen previamente estos productores y productoras que apuestan por fórmulas diferenciadas, que son iniciativas privadas o comunitarias, en ambos casos ajenas a la iniciativa estatal. Producir ya no puede considerarse propio de los sectores primario y secundario, sino que las nuevas formas de entender los procesos económicos, en los que la circularidad y el bien común son imprescindibles, conciben la producción como algo mucho menos ligado a la tangibilidad del producto y a la estabulación (estatal o privada) de los productores, y más relacionado con las relaciones de interconexión entre lo generado, el generador, la gestión y el medio.

En la misma línea iría la frase “No deja de ser curioso que en nuestras sociedades sea el consumo (ético, responsable, etc) el que determina la ESS y no la producción”, como si la producción no fuera consumo también (de recursos), o que ambas forman parte de un todo circular, y no lineal como lo ven algunas interpretaciones económicas.

Persiste y, de hecho crece, la dependencia de los presupuesto públicos”, cosa que es indudable, y es uno de los grandes problemas que afronta la ESS, que es la independencia de lo estatal.

Esto para las cooperativas de consumo es relativamente fácil, pero para los generadores de servicios se convierte en una tarea difícil de afrontar, ya que quienes precisan o podrían requerir de esos servicios generados pretenden acceder a ellos de forma generalizada “gratuitamente”, o sea pagados con los impuestos que ellos mismos pagaron. Eso implica que la ESS en realidad lo que hace es enfrentarse a un modelo socioeconómico erróneo, en el que el dinero público se gestiona como dinero privado (perteneciente a una persona jurídica), cuando en realidad es dinero que se redistribuye. Los servicios demandados por la sociedad deben ser pagados por ella, directamente de forma solidaria, o indirectamente a través de los impuestos; la gestión de esos servicios no tiene porqué ser llevada a cabo por personas contratadas por el estado, de hecho creo que deberíamos ir a un modelo donde la gestión comunitaria sustituyera a la estatal huyendo del colectivismo.

Sin embargo, tengo que coincidir en lo siguiente: “Son pocas las empresas cooperativas capaces de vertebrar comunidad o reforzar comunidades sociales o directamente políticas, en las que la ESS adquiere su mayor grado de potencia, digamos transformadora. De hecho las más interesantes en este aspecto siguen siendo las que organizan consumos o las empresas políticas que nacen y crecen dentro de los movimientos sociales.”

La razón de esto está en la escasa educación en la participación que tenemos en nuestra sociedad, en las familias y en el sistema educativo, de forma que el emprendimiento social, donde la gestión cooperativa es o debería ser intrínseca, muchas veces no aparece, y las cooperativas en lo formal, quedan convertidas en empresas tradicionales en lo efectivo. De la misma forma en esa nueva vía abierta recientemente en la nueva política, del concepto de cooperativa política; tras el primer ejemplo de Primavera Europea, en las Europeas de 2014, surgieron las iniciativas municipalistas como Ahora Madrid o Barcelona en Comú, pero aún les queda mucho camino para ser realmente cooperativas, y mucho más a opciones como Unidos Podemos. Coincido plenamente que una cooperativa política sería la mejor de las opciones para un nuevo modelo político, pero tendría las mismas dificultades que enfrentan las cooperativas en el mundo empresarial de hoy, sobretodo las de ESS.

Para concluir, nada, pero nada de acuerdo con la afirmación con que cierra su análisis: “En defintiiva, la ESS, como la nueva política, al menos en Madrid, es un resultado de la nueva composición política y social dominante tras el 15M: la clase media tardojuvenil precarizada o en descomposición”.

Sin restarle un ápice la importancia que ha tenido el 15M, no es el motivador de la ESS en Madrid. Sorprende que alguien tan implicado en Traficantes de Sueños haga esa afirmación que borra de un plumazo esfuerzos de dos décadas por llegar hasta donde se ha llegado, que siendo aun escaso, tiene ejemplos como Som Energia, Ecoo y otras vigentes o que quedaron en el camino, pero que fueron creando los peldaños necesarios para llegar a la situación actual de la ESS.

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